El slut-shaming (o “Un día en la vida de una zorra”)

Con el título no quiero decir que yo soy una zorra. O talvez sí. Talvez no importa, o no debería de importar. Les cuento porqué no importa si me (o te, o nos) dicen zorra o mojigata o cualquiera de las mil palabras que tenemos para definir el grado o tipo de expresión sexual. Esas que todos conocemos.

Primero, les definiré el término slut-shaming – para el cual no hay traducción al español, lo cual es en sí interesante y bien diciente. Slut-shaming es un verbo creado (relativamente reciente, y es usado sobretodo en discusiones acerca de justicia social y sexismo) para describir la acción de atacar o avergonzar a una mujer en base a su expresión o actividad sexual: en base a cómo se viste, qué tan directos son sus avances cuando coquetea, “qué tipo de gente” frecuenta, qué tan tarde en la noche sale, qué tan frecuentemente/con qué tanta gente/cómo tiene/dónde tiene relaciones sexuales, qué tanto toma o fuma, cómo/qué se expresa acerca de temas sexuales, etc.

Todos lo hemos visto, lo hemos oído, hemos sido partícipes. TODOS nos hemos referido a alguien como una zorra, una puta, una fácil, una mujer de “moral flexible”, mujer de “útero alegre” (me da risa y pena éste término), etc. Todos hemos dicho cosas como “ay ya viste a ______, ¿qué no ve la imagen que da?”, “de una vez que cobre, ¿no?”, “..y luego se queja de que no tiene novio”. Tenemos tantos chistes, frases, eufemismos, que deberíamos de enterrarnos la cabeza en una maceta de la vergüenza. A mí me avergüenza al menos, muchísimo.

Pero bueno, a lo que iba. El que alguien pensara que soy una fácil o no, que soy una mojigata o no, me dejó de importar cuando me di cuenta que no importaba lo que hiciera, alguien iba a decir algo, lo que sea.

Primero, todos nos sentimos con derecho de criticar y vigilar la expresión sexual de todos, más aún de mujeres. ¿Por qué? Porque desde que somos pequeños, nuestra familia nos vigila constantemente, nos dice qué ropa no usar, qué no tomar, qué no hacer, qué no decir. Absorbemos esos juicios que pueden emitir sobre nosotros y como respuesta los utilizamos con otras personas, para colocarnos a nosotras mismas en el punto neutro – desde un aspecto psicológico, es totalmente lógico, como mecanismo para preservar el autoestima nos colocamos en el cero de la escala. Y pues siempre va a haber alguien más “zorra” que nosotras, siempre va a haber alguien más “mojigata” que nosotras. Y es por eso mismo que siempre vamos a ser una de dos en la mente y juicios de alguien más. Todas somos zorras. Para alguien.

Siempre va a haber alguien que nos considere demasiado “algo”. Alguien que considere nuestra falda demasiado corta, nuestros hábitos de fiesta demasiado locos, nuestra elección de compañía demasiado riesgosa, nuestro lenguaje demasiado vulgar. O al revés, nuestras elecciones demasiado cautelosas, nuestra falda demasiado conservadora, nuestros “No”s demasiado claros para los avances de alguien más.

Y en mujeres, esta constante vigilancia, esta constante paranoia de no ser juzgada como la “mala mujer” nos hace ejercer esa misma vigilancia y control social en forma de slut-shaming. Lo hacemos sin darnos cuenta que educándonos entre nosotras, cambiando nuestro lenguaje todas juntas, podemos dejarnos de criticar, entre todas. Tenemos ese poder, pues ser “zorra” es un constructo social para el cual no hay términos absolutos, solamente relativos a alguien más, y están en el lenguaje que usamos para referirnos a alguien cuya sexualidad es más abierta que la nuestra. Es como cuando manejas el auto: todo el que maneja más rápido que tú es un imprudente suicida, todo el que maneja más lento es un idiota lento que bien podría estar caminando. La diferencia es que en la sexualidad, hay diferencias, pero siempre y cuando sea consensuado, no hay formas “buenas” o “malas” de manejar.

El slut-shaming, como he mencionado brevemente en entradas anteriores, viene de una ideología sexista de controlar y vigilar nuestra sexualidad. ¿Por qué sexista? Porque se usan criterios completamente distintos para juzgar la expresión sexual de un hombre y de una mujer. El hombre que pierde la virginidad antes que otros es un héroe, la mujer que pierde la virginidad primero es o una fácil o una promiscua. El hombre que tiene sexo con más de una chica en un espacio corto de tiempo es un campeón, la mujer que hace lo mismo es una zorra. El hombre que habla de sexo es… un hombre, la mujer que hace lo mismo es una vulgar. El hombre que quiere algo casual es un hombre que “sí sabe”, una mujer que sólo quiere algo casual es una perra y una promiscua.

Por otro lado, el hombre que dice “no” de manera asertiva (no un “perdón, tengo novio”) es un hombre que sabe lo que quiere, la mujer que dice “no” de manera asertiva es una grosera o mojigata. Y si bien existen varios controles que avergüenzan al hombre que prefiere algo formal que algo casual, que no quiere sexo, que no le gusta el porno, etc., no son comparables en frecuencia o magnitud.

El slut-shaming, igualmente, es una forma en la que se nos mantiene “en línea”, por miedo a ser llamadas malas mujeres. Porque nos enseñan que nadie quiere a una mala mujer, que nadie la respeta. Y cuidado con esto último, pues esa frase que dice que “una dama se hace respetar” viene con muchas advertencias. Viene con una lista de instrucciones de vestimenta, comportamiento, vocabulario, compañía, horarios apropiados, en primera. Pero también viene con la idea ofensivísima y peligrosísima de que la mujer es la responsable de hacer todas esas cositas que vienen en el instructivo para que la respeten, pues si no las hace, no es digna de ese respeto. Porque si no lo hace, el hombre no tiene porque respetarla. ¿Qué se entiende por respetarla? No acosarla verbal o físicamente si ella no está de acuerdo, no abusar de estados de ebriedad u otro tipo de intoxicación, no hacer bromas y comentarios ofensivos, no tocarla si ella no lo pide, NO FORZARLA A HACER ALGO QUE ELLA NO QUIERE. Eso es lo que nos espera si llevamos la frasesita de “darse a respetar” a sus últimas consecuencias.

Esto me lleva, con toda confianza en lo que digo, a decir que el slut-shaming es una advertencia bien fuerte y clara: si una persona te considera una zorra, varias personas lo pueden hacer, y no te van a respetar en distintas maneras (burlas, acoso verbal, aislamiento social, acoso virtual, difamación), y alguna de esas personas que no te considera digna de respeto – porque pues eres menos humana cuando expresas algo tan pinche humano como es la sexualidad – puede violarte. Así que cuidadito con ser considerada zorra.

Y, ¿qué hacemos para que no nos consideren zorras? Encontrar a alguien cuya sexualidad sea “más criticable” según nosotras y nuestro círculo, encontrar alguien más a quién perderle respeto. Es lo que hacemos, pasarnos la bolita etiquetada “zorra” a alguien más, para que la pérdida de respeto sea a alguien más. Pero es que diciéndole zorra a una mujer, le estamos diciendo a un hombre “está mejor no respetarla (acosarla, ofenderla.. violarla) a ella que a mí. Si vas a violar a alguien – porque eso hacen los hombres, obvio (inserten sarcasmo aquí), pero de eso hablaré luego – ella se lo merece más que yo.”

 

En vez de promover, todas juntas, más respeto a nuestras decisiones y nuestros cuerpos, DE TODAS NOSOTRAS. El poder de decisión es algo que subestimamos, chicas, en serio. El mismo poder de decidir qué falda ponernos sin tener que considerar por qué construcciones vamos a caminar o quién va a pensar que somos fáciles es el poder de decidir que peleamos en las cortes para casarnos con quien queramos sin importar el sexo de la otra persona, es el poder de decidir si tenemos a un bebé o no (de forma higiénica y legal), es el poder de decidir si tenemos sexo o no y que se respete cuando decimos “NO”. Cuando no respetamos una decisión, estamos promoviendo que no se respete ninguna. Y si luchamos por una, tenemos que luchar por todas.

Y eso empieza dejándonos de decir zorras las unas a las otras. Empieza con dejar de juzgar desde nuestro “cero en la escala”, desde nuestra supuesta neutralidad. Diría que nadie es perfecto, pero en cuanto a sexualidad y cuerpo y espíritu, creo que todos los somos. Nuestra forma de expresar nuestra sexualidad, siempre y cuando sea consensuada, ES PERFECTA.

Hay muchas fuerzas y muchas cosas en el mundo que nos van a joder igual, que no seamos nosotras mismas las que lo hacemos, ¿no creen?

Advertisements

El caso Steubenville, y los culpables de siempre

Ultimamente ha habido más y más cobertura de casos de abuso sexual, en especial en India y en Estados Unidos. Encuentro bastantes problemas en cómo han sido manejados en muchos medios, pero supongo que es preferible a que nadie hable de ello como si no existiera, como ha sido por muchos años.

Este domingo fue el juicio de los dos chavos en la Steubenville High School en Ohio, y fueron declarados culpables. El caso circuló y resonó por redes sociales y periódicos locales e internacionales. Posiblemente la cobertura más criticada fue la de CNN.

 

Para una crítica buena y completa de la cobertura de CNN, clickea aquí.

 

Y claramente, a mi también me molestó mucho su cobertura, las palabras que eligieron usar, su enfoque en el sufrimiento de los violadores y no de la víctima, en cómo 3 años de cárcel (¡¡SÓLO 3 AÑOS!! pffft) van a arruinar su prometedora carrera. Como si una prometedora carrera te hiciera menos violador.

Pero vamos, dejemos de hacernos los tontos, el problema no es sólo esa reportera ignorante e insensible, ni CNN, ni siquiera – aunque sea tentador decirlo desde Latinoamérica – Estados Unidos.

Con una gigantesca advertencia personal del tipo “estuve cerca de llorar leyendo esto”, les paso algunas reacciones en Twitter al caso de Steubenville.

Pasan por mi cabeza mil conversaciones de mi adolescencia, unas que me incumbían, otras que simplemente escuché, maneras en que me enseñaron como evitar que me pasara lo que a la chica de 16 años de Ohio: no tomar mucho, no usar mini faldas, no salir muy tarde a la calle, no ir sola al baño, no quedarme sola en un cuarto con hombre(es). Tendré que preguntarle a mi hermano si a él le dieron lecciones de cómo evitar violar, pero puedo apostar a que conozco la respuesta.

Puedo apostar también que casi todo el/la que me lea puede encontrar en su propia memoria conversaciones similares, voces internas similares. Estas voces que nos controlaron y vigilaron sexualmente toda nuestra vida son las mismas que se perpetúan en la televisión, en el cine, en la pornografía. Son las mismas voces que nos hacen juzgar a la víctima y no a los victimarios, que nos hacen fijarnos en cómo un juicio afectará la vida de los violadores.

Como si por momentos olvidáramos la función del sistema de justicia. La primera y más importante vida arruinada por lo que ocurrió – desde la violación y sus efectos físicos y psicológicos, hasta el juicio y sus efectos emocionales, hasta la cobertura periodística y sus respectivos efectos – es la chica, la víctima. Otras víctimas importantes son los padres y cercanos de la víctima, y de los victimarios, en diferente grado y sentido. Mucho después, está la discusión de las vidas arruinadas de los violadores. Y no podemos olvidar, no es el mismo tipo de discusión: la víctima no hizo nada cuya consecuencia sea una vida arruinada, los violadores sí. Su vida arruinada es una consecuencia directa no del juicio (no solamente), sino de su decisión de violar a una chica. Igual que un asesino es culpable de las consecuencias sociales, legales y otras, no la víctima por haber muerto. Suena estúpido y obvio cuando lo traduces a otro crímen, ¿no? ¿Por qué insistimos en tratar diferente estos crímenes de género?

 

Y esto nace de lo mismo que he discutido ya en este y en mi otro blog, que es la vigilancia de la sexualidad femenina. Esta vigilancia viene desde siglos atrás: cuando Eva no pudo resistir morder la manzana y convenció a Adán de hacer lo mismo, condenando a ambos a salir del paraíso; la idea antiquísima de que la mujer usa su sexo para manipular al hombre a la irracionalidad; la ropa excesiva en casi cualquier religión para evitar la mirada masculina, etc. El hombre no tiene la culpa de sentirse irracional e incontrolablemente atraído a una mujer,  y es la responsabilidad de la mujer entonces ejercer controles sobre sí misma.

No es nuestra responsabilidad el que los hombres no nos violen. No sé cuantas veces tengamos que repetirlo, pero no lo es. Paso por paso:

1. No es nuestra responsabilidad usar ropa más holgada o faldas mas largas para ver si así no nos acosan sexualmente. Usar una falda larga no significa que somos unas frígidas o unas machorras, así como usar mini-faldas no significa que estamos abiertas a lo que el hombre quiera, o a su mirada grotesca e invasiva sobre nosotras.

2. No es nuestra responsabilidad beber menos para que así les quede más claro el NO. Tenemos tanto derecho como los hombres a cualquier actividad recreativa (legal o no, es igual de ilegal para ambos sexos, ¿que no?). La cosa es que alrededor de 70% de hombres en universidades gringas indica en encuestas que violarían si supieran que se saldrían con la suya. ¿Por qué no entonces decirle a los hombres que controlen su consumo porque pueden volverse violadores?

3. No es nuestra responsabilidad mandar señales más claras al coquetear, para que no vayan a interpretar un “me caes bien” con un “dame sexo ya”. Hay varias relaciones equívocas en el coqueteo, en las cuales no profundizaré hoy, pero aquí va mi resumen: a) ser amable no es coquetear, es como nos educan a las niñas a ser, así lo que queremos realmente es mandarte al demonio, b) ser amable puede también ser sincero en sentido meramente amistoso, no todo mundo va a bares y fiestas a conseguir pareja, c) así como muchos hombres coquetean por el puro juego, nosotras también podemos, d) coquetear puede querer decir “me gustas”, lo cual no equivale a “quiero acostarme contigo alguna vez”, ni a “quiero acostarme contigo hoy” ni a “quiero acostarme contigo ahora mismo”. “Me gustas” significa “me gustas”, punto. Y NADA – a excepción de una plática explícita y sobria en la que ambos acuerdan eso – equivale a “quiero acostarme contigo así esté yo ahogada en alcohol”.

Nuestra única responsabilidad es decir que sí cuando sí queremos, es responsabilidad del hombre respetar que si no decimos “sí”, o si no estamos en un estado de conciencia total, es un “no”. Y antes de que me digan que entonces elimino toda la responsabilidad de la mujer: no lo hago. He conocido chicas que quieren emborrachar al hombre para que él acceda a ciertas cosas: es lo mismo, es violación. Está mal. Cuando no es un sí sobrio, consciente, no coercitivo, es un NO. Y es responsabilidad del otro respetarlo. Es responsabilidad del otro las consecuencias legales y sociales que resulten de sus actos.

Una imagen que encontré y resonó bien feo en mis pensamientos.

Una imagen que encontré y resonó bien feo en mis pensamientos.

 

Aquí van unos tips útiles para evitar estas situaciones “incómodas” de juicios y coberturas en CNN y demás molestias comunes.

– Si estás tomado, asume que no eres candidato a la cama de nadie.

– Si la chava que te gusta está tomada, acepta que no va a pasar ese día. Mejor platica con ella, pásala agusto y talvez otro día puedan salir y hacer algo más.

– Si te gusta mucho una chica y está tomada y dispuesta, pídele su número o su nombre en redes sociales, y déjala en paz. Lo peor que puede pasar es que se arrepienta de habértelo dado o tú de habérselo pedido. Lo mejor es que otro día salgan y hagan o deshagan, ambos conscientes de ello.

– Si algún amigo tuyo está acosando a una chica porque trae mini-falda, recuerdale que la mini falda es una elección de ropa, no de actividad sexual ni de disponibilidad, así como su cuello de tortuga no es indicativo de virginidad 😉

– Si estás con tu pareja y están tomando, antes de empezar a tomar platiquen al respecto y acuerden si sí tendrán sexo y acuerden parar si alguno de los dos se siente incómodo.

– Si tienes una pareja y están tomando y no tuvieron esa plática, pospongan el sexo. Tienen muchas noches y días sobrios delante de ustedes.

– Si tu pareja no está de humor esa noche, es un NO. Recuerda que no es tu propiedad, y el estatus de la relación no indica consentimiento para cada vez que TÚ quieras. No hay mejor sexo que el que se quiere con todas las fuerzas.

– Si estás en una posición de poder (en la que la otra persona puede no sentirse en plena libertad de decir que no, como una empleada o una alumna), de preferencia es NO. Pero si insistes, ten una conversación explícita, calmada, abierta al respecto, asegurándole que su empleo/estatus no se va a ver afectado por su respuesta. ¿En verdad quieres tener sexo con alguien que no te diría que sí si no fueras su jefe?

– Antes de cualquier avance con alguien con quien coqueteas, pregunta si está bien lo que estas haciendo, si están de acuerdo. Es extremadamente sexy y hará de cualquier experiencia algo mucho mejor.

 

 

Nota: me enoja muchísimo que las dos primeras páginas de Google cuando buscas “evitar violación” sean consejos para mujeres. No me sorprende, pero si me enoja mucho. Por eso busqué luego “evitar violación feminismo”, y aquí les van unas cuantas cosas.

Consejos para evitar una violación.

Feministas Feas: Como evitar una violación

Protocolo para casos de violación

Repitan conmigo: virg.. debut. D E B U T.

Todas las ideas erróneas o incompletas (en el mejor de los casos) que tenemos acerca del cuerpo, de las relaciones, de la sexualidad, me darían tema para una entrada por día, al menos. Pero hoy, hoy voy a hablar de esa palabrita tan entintada de religión, manchada de “pureza”, rodeada de advertencia y de dobles estándares: la “virginidad”.  Yo pienso – y no estoy ni remotamente sola en esto – que la “virginidad” también está letalmente sumergida en violencia, en (hetero)sexismo, en falocentrismo estúpido, en opresión, en control y en mucha ignorancia.

Primero, el sexista juego de Risk: la virginidad (o la pérdida de ésta) del hombre es desde una irrelevancia hasta un triunfo (noten el término “descorchar”), mientras que la de la mujer puede ser desde un regalo pasivo hasta un mal necesario, hasta una tragedia de proporciones bíblicas, pero JAMÁS un triunfo. Como en un juego de estrategia, “ocupar” un territorio es causa de celebración mientras un territorio “perdido” nunca lo será. Una vez cedemos ese territorio, una vez profanado el templo (háganme el chingado favor), ya no es nuestro ni lo será jamás. Y no sólo eso, sino, ¿quién va a querer un territorio ya ocupado, ensangrentado? Es lo que nos dicen, que es un espacio que ya regalaste – y más te vale haya sido al mejor postor. No es un espacio compartido, una unión de dos naciones independientes. NO. Alguien más ya puso ahí su bandera (pun intended) y ya. Colonizaron tu cuerpo. Forever. El bendito acabose.

Y tal como una ocupación, requiere de ilustraciones violentas que sirvan de advertencia. El hímen que se rompe, la sangre que se derrama, la virtud que se pierde. No hay vuelta atrás, pues ya estás marcada, ESTÁS ROTA. Cuando ahora está más que bien sabido  – por los que siempre sospechamos que la educación sexual formal es una burla – que el hímen no se rompe – tan sólo se estira, se abre un poco, a veces vuelve a su lugar, etc. Se abre – como puede hacerlo haciendo gimnasia, usando tampones, o puede nunca hacerlo. Cuando, contrario a lo que nos dicen y suponemos y esperamos (o más bien, no exigimos otra cosa) y por tanto promovemos, no tiene que doler. Si se hace bien, si se hace pacientemente, si se hace conociéndonos primero (¡¿pero qué estoy diciendo?! ¡¿Tocar y estar cómodos con nuestro propio cuerpo?! BLASFEMIA), y si se hace cuando nosotros queremos, no tiene que doler jamás. Pero imagine usted, si podría no doler, ¡podría hasta gustarnos! A papá Dios le va a dar un infarto si se entera.

Porque si nada se rompe, entonces no hay evidencia de nuestra puerquísima desobediencia, y no perdemos nada. Porque si nada duele, si se disfruta, entonces empezamos a buscar triunfos propios en vez de esperar pasivamente a una ocupación, y no estamos perdiendo nada.

Desde el término nos advierten la tragedia que se nos viene con la vida sexual. Hasta yo en mi discurso cotidiano he ido cambiando ese discurso. Los invito a hacer lo mismo. Llamémosle primera vez, debut sexual, etc. No es una pérdida, no es el final de una era bíblica, no es una tragedia. Y si lo es, es porque no lo están haciendo bien ;)

Igualmente, el ‘vírgen’ en ‘virginidad’ está basada en un cuento de cuna que dice que una mujer concibió a un hombre sin tener horrible y sucio sexo. Según este librito que encuentras en moteles, eso es algo maravilloso. Si me preguntan, tener un parásito seguido de un parto seguido de una vida que mantener, SABIENDO que ni siquiera hubo punchis-punchis no es negocio.

La primera, como todas, como todo lo COMPARTIDO, es para los dos. Si vamos cambiando nuestro lenguaje y nuestra forma de pensar, esa culpa, esa censura, ese no-disfrute acaba. Se va por más igualdad, más conciencia, más vida.

[En parte porque esto es lo que yo hubiera querido, y porque sé que una gran parte de quienes me leen tienen/tendrán hijos, POR FAVOR enséñenle a las chavas que el sexo no es un regalo para ellos, sino para ellas mismas, que no son menos por quererlo. Enséñenle a los chavos que el momento es de ambos, que no es un sello de propiedad, que ambos cuerpos importan igualmente. Que una mujer no vale más o menos por hacer o no hacer, sino por tomar decisiones basadas en lo que la gente dice y no en lo que ella quiere. Que se den chance y tiempo y que no es algo malo. ]

Olvidaba un par de cosas que he considerado al pensar acerca del debut sexual (repitan conmigo, chic@s). La homofobia que nos indica por default es una de ellas. Si la “virginidad” es la penetración – vaginal, que es la única que importa, DUH, ahora pónganse a hacer bebés – , ¿una lesbiana puede no perder la virginidad nunca o cómo? (OH NO, pero, ¿qué estoy diciendo? si todas necesitamos un algo en forma fálica para ser felices). Un hombre tampoco la pierde porque no tiene una vagina ni hímen, entonces, ¿un hombre gay tampoco la pierde? La clave sigue siendo el hímen, la ruptura, la dominación. [Estoy ignorando, por no hacer esto más largo, el discurso un tanto autoflagelante y homofóbica que se tiene a veces en las comunidades homosexuales acerca de quién penetra y quien no, qué es masculino y por lo tanto mejor, etc.]. El único sexo que vale, la única primera vez que importa, es entonces la que ocurre entre un hombre y una mujer, en la que se “rompe” un hímen y alguien es el que ‘chingó’ – por hablar de Octavio Paz y sentirme muy leída – y alguien es la ‘chingada’. También nos indica implícitamente que, al no tener marca alguna de su “pureza”, podemos asumir falta de ella en todas las personas homosexuales, ¿que no? Una incertidumbre ridícula como si fuera asunto de todos qué ha sucedido o no en los cuerpos de uno.

Había también olvidado hablar del impacto del tema de la ‘virginidad’ en los hombres. Heterosexuales. Dije al comienzo que ‘perder la virginidad’ para los hombres no es más que una irrelevancia, y creo que sobre-simplifiqué. La ‘virginidad’ es en muchos casos algo de lo que se debe deshacer el hombre, algo que a cierta edad indica ya sea falta de ‘pegue’, falta de potencia “adecuada”, falta de tamaño “adecuado”, o falta de la orientación sexual “adecuada”. Hablaré del tamaño en otra entrada, pero vamos, se socializa a los hombres a ser máquinas (si, me estoy refiriendo también a las alusiones mediáticas de pistolas/metralletas como penes) insaciables de sexo que mueren por ser soltadas en el mundo sexual adulto. Un mundo lleno de mujeres pasivas que mueren por brindar placer. Un par de problemillas con esto.

1. Deshacerse de? Si es algo tan preciado para las mujeres pero tan urgente de desechar para los hombres, es que acaso el debut sexual del hombre no importa? ¿Por qué debe de no importar? ¿Su cuerpo es menos templo que el de la mujer?

2. “Adecuado”. Los constructos sociales siempre intentan pasarse por el trasero lo que es natural, y es una idiotez. Si naturalmente es así, es adecuado para la naturaleza, y debe ser adecuado para nosotros. Fin.

3. Muchísimos chavos tienen sus debuts sexuales mucho antes de estar psicológicamente listos, mucho antes de tener ni remotamente suficiente información para tomar una decisión consciente y madura y para vivir al máximo su experiencia. Esto lastima a hombres y mujeres y los afecta entonces y por el resto de sus vidas sexuales. Quién sabe, tal vez si los chavos empezaran cuando se les viniera (realmente) en gana, no necesitarían un pinche mapa para darnos un orgasmo. Ups.

4. Esa idea de que las mujeres estarán listas cuando ellos lo estén lleva a decepciones en el mejor de los casos, a violación en el peor. NADA CHIDO ESO.

Igualmente, y vuelvo al tema del placer, esta idea bíblica de la virginidad, de la ruptura, de la sangre, es problemática y en ocasiones hasta letal. Millones de niñas se preguntan y nos preguntamos unas a las otras, como preocupadas, ¿qué es sexo? ¿masturbarse, sexo oral, sexo anal, sexo vaginal? Respuesta correcta: todas ellas, y cualquier otra cosa que pueda llevarte a un orgasmo, si me preguntan a mí. Pero lo que nos dicen que es lo válido – y lo que se prohíbe en religiones como la islámica – es el sexo vaginal. El sexo para hacer bebés – ¡porque seguimos en el siglo XV! – y nada más. Personas alrededor del mundo, basándose en esta definición, contraen enfermedades venéreas por no cuidar otros tipos de contacto, acceden a cosas que no quieren realmente porque al fin y al cabo “no cuenta”. De la misma manera, por la ignorancia absurdísima acerca de lo que realmente pasa en el cuerpo femenino – en vez de basarse en sus anacrónicos juegos de colonización – una chica saudí, o india, o jordana, pierde su honor  – y puede perder hasta su vida – frente a su esposo por no sangrar.

Por todo esto y todas las cosas que seguro no he tocado en esta entrada, eduquémonos. Hablemos las cosas, bien clarito. Por el amor de mmmmhh el orgasmo. Sí, por el amor del orgasmo ❤ ji ji

Fin.

Más información aquí:
Myths surrounding virginity

Trucos para la primera vez. El dolor NO es parte del debut sexual

Hymen Stretching