El slut-shaming (o “Un día en la vida de una zorra”)

Con el título no quiero decir que yo soy una zorra. O talvez sí. Talvez no importa, o no debería de importar. Les cuento porqué no importa si me (o te, o nos) dicen zorra o mojigata o cualquiera de las mil palabras que tenemos para definir el grado o tipo de expresión sexual. Esas que todos conocemos.

Primero, les definiré el término slut-shaming – para el cual no hay traducción al español, lo cual es en sí interesante y bien diciente. Slut-shaming es un verbo creado (relativamente reciente, y es usado sobretodo en discusiones acerca de justicia social y sexismo) para describir la acción de atacar o avergonzar a una mujer en base a su expresión o actividad sexual: en base a cómo se viste, qué tan directos son sus avances cuando coquetea, “qué tipo de gente” frecuenta, qué tan tarde en la noche sale, qué tan frecuentemente/con qué tanta gente/cómo tiene/dónde tiene relaciones sexuales, qué tanto toma o fuma, cómo/qué se expresa acerca de temas sexuales, etc.

Todos lo hemos visto, lo hemos oído, hemos sido partícipes. TODOS nos hemos referido a alguien como una zorra, una puta, una fácil, una mujer de “moral flexible”, mujer de “útero alegre” (me da risa y pena éste término), etc. Todos hemos dicho cosas como “ay ya viste a ______, ¿qué no ve la imagen que da?”, “de una vez que cobre, ¿no?”, “..y luego se queja de que no tiene novio”. Tenemos tantos chistes, frases, eufemismos, que deberíamos de enterrarnos la cabeza en una maceta de la vergüenza. A mí me avergüenza al menos, muchísimo.

Pero bueno, a lo que iba. El que alguien pensara que soy una fácil o no, que soy una mojigata o no, me dejó de importar cuando me di cuenta que no importaba lo que hiciera, alguien iba a decir algo, lo que sea.

Primero, todos nos sentimos con derecho de criticar y vigilar la expresión sexual de todos, más aún de mujeres. ¿Por qué? Porque desde que somos pequeños, nuestra familia nos vigila constantemente, nos dice qué ropa no usar, qué no tomar, qué no hacer, qué no decir. Absorbemos esos juicios que pueden emitir sobre nosotros y como respuesta los utilizamos con otras personas, para colocarnos a nosotras mismas en el punto neutro – desde un aspecto psicológico, es totalmente lógico, como mecanismo para preservar el autoestima nos colocamos en el cero de la escala. Y pues siempre va a haber alguien más “zorra” que nosotras, siempre va a haber alguien más “mojigata” que nosotras. Y es por eso mismo que siempre vamos a ser una de dos en la mente y juicios de alguien más. Todas somos zorras. Para alguien.

Siempre va a haber alguien que nos considere demasiado “algo”. Alguien que considere nuestra falda demasiado corta, nuestros hábitos de fiesta demasiado locos, nuestra elección de compañía demasiado riesgosa, nuestro lenguaje demasiado vulgar. O al revés, nuestras elecciones demasiado cautelosas, nuestra falda demasiado conservadora, nuestros “No”s demasiado claros para los avances de alguien más.

Y en mujeres, esta constante vigilancia, esta constante paranoia de no ser juzgada como la “mala mujer” nos hace ejercer esa misma vigilancia y control social en forma de slut-shaming. Lo hacemos sin darnos cuenta que educándonos entre nosotras, cambiando nuestro lenguaje todas juntas, podemos dejarnos de criticar, entre todas. Tenemos ese poder, pues ser “zorra” es un constructo social para el cual no hay términos absolutos, solamente relativos a alguien más, y están en el lenguaje que usamos para referirnos a alguien cuya sexualidad es más abierta que la nuestra. Es como cuando manejas el auto: todo el que maneja más rápido que tú es un imprudente suicida, todo el que maneja más lento es un idiota lento que bien podría estar caminando. La diferencia es que en la sexualidad, hay diferencias, pero siempre y cuando sea consensuado, no hay formas “buenas” o “malas” de manejar.

El slut-shaming, como he mencionado brevemente en entradas anteriores, viene de una ideología sexista de controlar y vigilar nuestra sexualidad. ¿Por qué sexista? Porque se usan criterios completamente distintos para juzgar la expresión sexual de un hombre y de una mujer. El hombre que pierde la virginidad antes que otros es un héroe, la mujer que pierde la virginidad primero es o una fácil o una promiscua. El hombre que tiene sexo con más de una chica en un espacio corto de tiempo es un campeón, la mujer que hace lo mismo es una zorra. El hombre que habla de sexo es… un hombre, la mujer que hace lo mismo es una vulgar. El hombre que quiere algo casual es un hombre que “sí sabe”, una mujer que sólo quiere algo casual es una perra y una promiscua.

Por otro lado, el hombre que dice “no” de manera asertiva (no un “perdón, tengo novio”) es un hombre que sabe lo que quiere, la mujer que dice “no” de manera asertiva es una grosera o mojigata. Y si bien existen varios controles que avergüenzan al hombre que prefiere algo formal que algo casual, que no quiere sexo, que no le gusta el porno, etc., no son comparables en frecuencia o magnitud.

El slut-shaming, igualmente, es una forma en la que se nos mantiene “en línea”, por miedo a ser llamadas malas mujeres. Porque nos enseñan que nadie quiere a una mala mujer, que nadie la respeta. Y cuidado con esto último, pues esa frase que dice que “una dama se hace respetar” viene con muchas advertencias. Viene con una lista de instrucciones de vestimenta, comportamiento, vocabulario, compañía, horarios apropiados, en primera. Pero también viene con la idea ofensivísima y peligrosísima de que la mujer es la responsable de hacer todas esas cositas que vienen en el instructivo para que la respeten, pues si no las hace, no es digna de ese respeto. Porque si no lo hace, el hombre no tiene porque respetarla. ¿Qué se entiende por respetarla? No acosarla verbal o físicamente si ella no está de acuerdo, no abusar de estados de ebriedad u otro tipo de intoxicación, no hacer bromas y comentarios ofensivos, no tocarla si ella no lo pide, NO FORZARLA A HACER ALGO QUE ELLA NO QUIERE. Eso es lo que nos espera si llevamos la frasesita de “darse a respetar” a sus últimas consecuencias.

Esto me lleva, con toda confianza en lo que digo, a decir que el slut-shaming es una advertencia bien fuerte y clara: si una persona te considera una zorra, varias personas lo pueden hacer, y no te van a respetar en distintas maneras (burlas, acoso verbal, aislamiento social, acoso virtual, difamación), y alguna de esas personas que no te considera digna de respeto – porque pues eres menos humana cuando expresas algo tan pinche humano como es la sexualidad – puede violarte. Así que cuidadito con ser considerada zorra.

Y, ¿qué hacemos para que no nos consideren zorras? Encontrar a alguien cuya sexualidad sea “más criticable” según nosotras y nuestro círculo, encontrar alguien más a quién perderle respeto. Es lo que hacemos, pasarnos la bolita etiquetada “zorra” a alguien más, para que la pérdida de respeto sea a alguien más. Pero es que diciéndole zorra a una mujer, le estamos diciendo a un hombre “está mejor no respetarla (acosarla, ofenderla.. violarla) a ella que a mí. Si vas a violar a alguien – porque eso hacen los hombres, obvio (inserten sarcasmo aquí), pero de eso hablaré luego – ella se lo merece más que yo.”

 

En vez de promover, todas juntas, más respeto a nuestras decisiones y nuestros cuerpos, DE TODAS NOSOTRAS. El poder de decisión es algo que subestimamos, chicas, en serio. El mismo poder de decidir qué falda ponernos sin tener que considerar por qué construcciones vamos a caminar o quién va a pensar que somos fáciles es el poder de decidir que peleamos en las cortes para casarnos con quien queramos sin importar el sexo de la otra persona, es el poder de decidir si tenemos a un bebé o no (de forma higiénica y legal), es el poder de decidir si tenemos sexo o no y que se respete cuando decimos “NO”. Cuando no respetamos una decisión, estamos promoviendo que no se respete ninguna. Y si luchamos por una, tenemos que luchar por todas.

Y eso empieza dejándonos de decir zorras las unas a las otras. Empieza con dejar de juzgar desde nuestro “cero en la escala”, desde nuestra supuesta neutralidad. Diría que nadie es perfecto, pero en cuanto a sexualidad y cuerpo y espíritu, creo que todos los somos. Nuestra forma de expresar nuestra sexualidad, siempre y cuando sea consensuada, ES PERFECTA.

Hay muchas fuerzas y muchas cosas en el mundo que nos van a joder igual, que no seamos nosotras mismas las que lo hacemos, ¿no creen?

Kamchatka frente al espejo

Quiero hablar del cuerpo humano.

Últimamente he estado conectando muchos puntos, muchos instantes distintos en mi memoria: experiencias, anécdotas escuchadas, consejos, conversaciones sobreentendidas. He estado recordando distintos momentos en los que se me enseñó – directa o indirectamente – al igual que a muchos, que el cuerpo humano es algo prohibido. Y no sólo prohibido: algo sucio, algo con lo que no estar cómodo, algo que se debe ocultar, opacar, esconder. El más mínimo indicio de que existe desnudez – de que existe una mujer – debajo de toda esa ropa, algo de mi “pureza”, de mi “dignidad”, de la más íntima instancia de mi feminidad y mi persona se iba a perder. Una silueta siquiera ya es una desvergüenza.

No quiero hablar mucho de cómo el cuerpo del hombre no está tan rodeado por un aura sobreprotectora, vigilante, controladora y opresiva como el de la mujer, ni de mi trauma, por ejemplo, con que los senos sean lo mismo en hombres que en mujeres – si quitas el tamaño y la habilidad de lactar (la cual no es particularmente seductora, al menos en mi opinión) – y sin embargo la sociedad ha hecho de los senos de mujer un show, un fetiche y un motivo de control, y de los senos de hombre una irrelevancia que mostrar donde sea.

Quiero discutir más bien de cómo la vergüenza, la censura del cuerpo, la incomodidad bajo nuestra propia piel está trágicamente internalizada. Nos escondemos constantemente; cuando no lo hacemos, dejamos, al no saber qué hacer, que los demás dicten que significa lo que mostramos y lo que no. Y no es que crea yo que todos debamos andar desnudos por las calles (no porque sea indigno o inmoral, sino porque se pierde lo sexy de estar desnudos en momentos selectos), ni que estemos evolucionando de alguna manera u otra al mostrar cada vez más (especialmente las mujeres).

Lo que sí creo es que mientras le demos valor moral al cuerpo humano, seguiremos completamente atados y condenados a no conocernos en absoluto. La profundidad de un escote no dicta la calidad moral, ni intelectual, ni espiritual de una persona, una silueta desnuda que se ve en una ventana no determina ningún rasgo de personalidad ni expresa ningún aspecto de la sexualidad de nadie. De la misma manera, un tatuaje no es un indicador de intelecto o capacidad, ni el peso de una persona necesariamente dice algo de los hábitos, higiene o salud mental de esta persona. Lo sé, lo sé, estoy hablando de muchas cosas que requieren más profundización, pero en fin.

Queremos constantemente regular el cuerpo, estandarizarlo, emitir juicios morales basándonos casi exclusivamente en él. Pero somos (o deberíamos ser) nosotros los que le damos significado al cuerpo. A nuestro cuerpo solamente, y nadie tiene derecho a cambiarnos nuestras propias definiciones, límites, símbolos.

No deberíamos de tenernos tanta pena. Creo realmente que deberíamos de jugar más con nuestra propia simbología, empujar nuestros propios límites, deconstruír nuestra socialización.

Hacer una verdadera revolución: comenzar a amar nuestro cuerpo, cada parte de él, incondicionalmente (¿qué relación más duradera y más digna de cultivar que con nuestra propia piel?). Sólo así podemos usarlo al máximo, pero usarlo como nosotros queramos. No necesariamente como herramienta de poder, de dominación o de manipulación. Utilizarlo para encontrar un balance, para expresar nuestras ideas, para sentirnos mejor física y mentalmente. Para ser lo que queramos y ser los mejores que queramos.

Para tener un refugio. Pero no un refugio cualquiera, un refugio decorado, posicionado, entendido como cada uno decida. Un lugar que sea totalmente nuestro, y que si lo compartimos, sea con quien(es) queramos. Que eso también sea respetado.

Que una vez re-ocupados nuestros cuerpos, re-inventados y profundamente libres, podamos encontrar  bajo nuestra piel el Kamchatka que todos necesitamos: ese sitio decorado personalmente, esa arma de belleza que nos protege pero nos une con todas nuestras demás fortalezas y con el universo también.

RAWR :)

Nadie puede decirte que no eres el león más pinche feroz del mundo, ¿vale?

[Nota: Si no sabes de qué Kamchatka hablo, consíguete el libro pero YA]

Algunos links acerca de autoimagen, el cuerpo humano, y otros:
Autoimagen: ¿Es posible desafiar el concepto mediático de belleza?
Las mujeres y la reapropiación de su cuerpo
Cuerpo y mujer, violencia y placer: Tránsitos de Malignas Influencias
Tu cuerpo es un campo de batalla

Bisturí, Bisectriz, Bilingüe… (directo de AL)

Cuando uno lee acerca de y se interesa por los distintos sistemas intercalados de opresión que operan en nuestra sociedad, uno sabe de la existencia de ciertos privilegios que están ahí, invisibles. Uno sabe que parte de cómo se lucha contra la discriminación, la opresión y la desigualdad es señalar estos privilegios: en los medios, en nuestra comunidad, en nuestra familia, y mucho más importante (y mucho más difícil), en nosotros mismos. Y es que es bastante más fácil concentrarse en los privilegios ajenos que nos oprimen a nosotros que en los privilegios de los que gozamos y damos por sentado pero limitan a los demás.

La verdad es que puedo dar muchas razones para no “salir del clóset” como bisexual – sí, sí, lo estoy haciendo así sea por blog, BITE ME. Por ideología: así como nadie requiere que un hetero lo haga, “salir del clóset” como la ‘excepción’ que se es sigue sirviendo a una heteronormatividad que parece necesitar que nos pongamos una especie de ‘estrella de David’ como para podernos identificar y actuar de una u otra manera cerca de nosotros, ejercer uno u otro tipo de control social sobre nosotros. Por filosofía: yo qué tengo que andar anunciando por el mundo con quién quiero o no, con quién salgo o no; lo sabrán cuando lo sepan y si no pues qué les importa de cualquier manera. Por conveniencia: esta es obvia (y en esta estoy confiando en los que me leen), pues sigo estudiando con el dinero de mi papá, y me importa más seguir aquí en Montreal que hacer una ridícula declaración universal de algo que en mi opinión tiene un lugar sobre-valorado como una ‘parte integral de nuestra identidad’, que es actualmente la orientación sexual (WHATEVER THAT MEANS). Hasta puedo argumentar que por relevancia: relaciones significativas, sólo he tenido con hombres, y el 80% de la gente que encuentro realmente atractiva (a nivel activo, vaya) son hombres, así que casi casi que “ni para qué molestarse”.

Pero la neta, así la PURA NETA, estas son puras patrañas. No, no son patrañas, pero hay otra razón muy por encima de ellas – y al mismo tiempo muy por debajo de mi piel, muy por debajo de las sábanas de mucha gente que conozco y que se identifica (al menos con su círculo cercano) como bisexual – y esa es el privilegio heterosexual. Y, preguntarán, ¿a qué me refiero con privilegio heterosexual?

– No tener que andar declarando nada. En esta sociedad, el silencio otorga la heterosexualidad. Si no dices nada, y nada en tu apariencia parece indicar (estereotípicamente) lo contrario, eres hetero. NADA SEXISTA, por cierto.

– No tengo que explicar ni validar ni probar mi preferencia ante nadie. Nadie cuestiona porqué, en qué momento “decidiste” (as if), en qué momento te “diste cuenta”, “cómo supiste” o si “en serio” eres heterosexual. Esa está bien, las otras preferencias son las dudosas.

– No tengo que temer que mis actitudes, opiniones o acciones sean adjudicadas a todas las personas de mi orientación sexual. Ojo, que esta es grande. Noten la diferencia entre “Es promiscuo porque tiene miedo a comprometerse” cuando el chico es hetero y la razón dada es a nivel individual, y “Es promiscuo porque es homosexual” cuando la actitud es la misma, pero siendo la preferencia no-normativa, la razón dada es una generalización.

– Nadie asume cosas de mi personalidad basándose en mi preferencia sexual solamente. (Va de la mano con el segundo punto).

– Buscando roommate, sé que mi orientación sexual no va a “incomodar” a nadie – o casi nadie.

– Mi activismo respecto a género, feminismo y sexualidad no es atribuido a mi orientación sexual ni descalificado como “interés propio”. (“Oh, claro, está a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo porque es gay. No porque sea lo humano y lógico. Claramente”.)

– Mi orientación sexual no me “resta puntos” de feminidad, ni tengo que probarla ante nadie – pues un hombre a mi lado lo prueba lo suficiente (porque sólo somos mujeres en relación a los hombres. pfff.)

– Buscando trabajo, educación, pareja, asistencia social, sé que mi ‘orientación sexual’ no será un problema.

– Mi preferencia sexual no es descartada como un “mito”, una “fase” o una “moda”. Y referente a eso, miren este videíto :-)

– Mi preferencia sexual no es constantemente trivializada y vendida como un fetiche. Y sí, me refiero a la imagen pornográfica de que dos mujeres juntas en la cama sólo están juntas para cumplir las fantasías del hombre. Entre otras ideas absurdas y falocéntricas.

(La lista de privilegios, ni remotamente exhaustiva, termina aquí).

La verdad es que siendo bisexual (y más estando claramente inclinado uno hacia el lado heterosexual – una Kinsey 1 o 2), uno tiene la opción de callarse, pero es un arma de doble filo. Se tiene la posibilidad de quedarse con este privilegio heterosexual sin sacrificar demasiado tampoco. Pero uno se atrapa a sí mismo, se limita a sí mismo. Se encuadra uno en ese sistema binario que tanto acomoda a la cultura heteronormativa dominante. Y esa cultura es lo más matapasiones que existe desde la invención de la misa católica.

bisexual

Así que digo: BASTA. No puedo pretender estudiar – o aspirar a estudiar – la sexualidad humana sin estar 1000% cómoda con la mía, y eso incluye renunciar al cómodo y privilegiado ‘default’ y disfrutar de cada uno de los aspectos de mi persona. No puedo pretender ser activista contra la opresión y la falta de educación sin señalar fuerte y claro los privilegios que existen en el mundo pero también en mi vida. Finalmente, no puedo aspirar a honestidad, responsabilidad, confianza, y felicidad en mis relaciones personales si no las estoy teniendo con el 100% de quien soy yo.

Por otro lado, quiero invitar a que todos hagan una lista propia, o reapropien mi lista o una de las que estoy colocando abajo, y la coloquen en el contexto de sus vidas. Que marquen, en su vida diaria, de qué maneras gozan (o no) del privilegio heterosexual, de que manera lo perpetúan. Pausen, reconozcan, deconstruyan. Reflexionen acerca de en qué maneras pueden contribuír a mejorar las vidas de quienes no gozan del mismo privilegio.

Unos cuantos links bien padriuris:

La lista del privilegio monosexual | La Radical Bi

7 cosas que deberías saber de la bisexualidad, según una escritora bisexual

White Privilege, Heterosexual Privilege, and Liberal Guilt (in English)

How to talk to someone about privilege who doesn’t know what it is

¿A quién no le gusta una tarde de películas?

Tomemos unos minutos de nuestro día y hablemos del porno, ¿vale? Vale.

Algun@s feministas opinan que la industria del porno es tan sólo una manera más en que el mundo explota, cosifica, vende a la mujer y a su cuerpo. L@s mism@s feministas, probablemente, que dicen esas mismas cosas acerca de otras formas de trabajo sexual – otro tema para otro día. Dicen que es malo para el sexo (cierto..), que es malo para nuestra auto-estima respecto al cuerpo (cierto..), y malo para el feminismo (hmmm.. dos tres). Estoy sobresimplificando su argumento más o menos válido, pero pues no quiero pasar demasiado tiempo hablando de éste punto de vista.

Sí, es cierto que muchas mujeres sufren de explotación en la industria sexual (por industria sexual me refiero a pornografía, prostitución en las calles, servicios de acompañantes, hotlines, etc). Pero tal como sucede con otras formas de trabajo sexual, decir que toda la industria pornográfica explota a las mujeres ignora la mayoría de casos en los que, con más o menos libertad de elección, mujeres y hombres eligen entrar a la industria y permanecer en ella. Sus experiencias son igualmente válidas. Esta forma de pensar reduce a estatus de víctimas a las mujeres que son parte de la industria, las entiende como entes pasivos y no como actores de su propia vida; les quita cualquier tipo de agencia.

También supone que nadie QUERRÍA trabajar en tal industria, supone un juicio moral. Las condiciones desiguales de trabajo, la agencia y posibilidad de decisión dentro del trabajo y en cuanto a paga, son todas verdades de cualquier profesión y trabajo actualmente, no sólo de la industria pornográfica o de la industria sexual. O séase, se está marcando una diferencia entre esta industria y cualquier otra, suponiendo un juicio moral. No muy feminista, en mi opinión.

Sí, es cierto que como cualquier medio de comunicación masivo actual, el porno cosifica a la mujer. PERO también es cierto que cosifica al hombre, si bien de manera distinta, posiblemente menos denigrante. Casi cualquier  porno mainstream refleja una imagen pasiva, receptora, muere-por-sexo-con-cualquiera; un mueble que grita lo bien que el man lo está haciendo. Claro, esto es muy cierto. Pero convierte al hombre en un pene que camina, y solamente son tan hombres como el largo, ancho, ‘municiones’ que tenga su siempre-lista, siempre-gratificante ametralladora sexual.

Ahora bien, no estoy diciendo que el que cosifique a ambos sexos es mejor, al contrario. El reducirnos a ciertas partes del cuerpo es pésimo, y es en detrimento de nuestra experiencia sexual. Pero más de eso, más adelantito.

Uno podría decir – y muchos lo hacen – que cosifica más a la mujer, o de una manera más negativa. Tal vez, en realidad no estoy muy segura. Pero aun así, ¿no es eso cierto de cualquier otro medio? Entonces el problema no es la pornografía, sino el omnipresente sexismo y patriarquía que domina nuestros medios, nuestra cultura, nuestra política. Es un asunto mucho más grande que una batalla contra YouPorn. Lo que es decir, PAREN LA BATALLA CONTRA LA INDUSTRIA SEXUAL. El feminismo tiene cosas más grandes de qué preocuparse. Pfff y vaya que sí…

El porno nos dice a ambos, también, de expectativas irreales – y aceptémoslo, ni tan placenteras -, de cosas que esperar del sexo y de nuestra pareja. Nos dice a ambos que deberíamos querer, desear, esperar y obtener del sexo. Limita nuestra imaginación, lo que exigimos también. Y nos “permite” exigir cosas que no deberíamos dar por sentado.

Donde las similitudes paran de golpe, y mi principal cargo contra la pornografía, es donde el punto de vista concierne, y donde la diversidad es groseramente ignorada en todas las formas en que puede ser ignorada.

El punto de vista, la mirada, en el porno más popular es claramente de un hombre – heterosexual. El placer que busca es el del hombre. Las fantasías que son retratadas son de un hombre. Reitera una y otra vez que el sexo y el placer son cosas de hombres; que lo que las mujeres quieren en la cama es o secundario y opcional, o que lo que queremos es complacer al hombre, y nada más. Visiten cualquier página porno conocida – les dejo buenas tareas, ¿qué no? – y miren los videos de la página principal. ¿Cuántas mujeres llegan al orgasmo, cuántos hombres? ¿Cuántos muestran a un hombre más atractivo – en estándares culturales actuales – que la mujer? ¿Cuántas parejas homosexuales (sin contar esas que son claramente el fetiche lésbico para el hombre heterosexual)? ¿Cuántos terminan con el hombre (perdonarán lo gráfico) viniéndose en la cara de la mujer – lo más pinche grotesco para una chava, si me preguntan?

En el sexo como en la vida, la variedad y diversidad es lo que la hacen chingona. No hay esto en el porno mainstream. Échenle otro vistazo a la misma página principal. ¿Cuántas parejas homosexuales hay? ¿Cuántas posiciónes/dinámicas/experiencias radicalmente diferentes encuentran? ¿Cuántas incluyen estimulación de próstata? Uno pensaría que si se supone que es lo más placentero para el hombre, lo incluirían, pero como está relacionado (ridículamente) con la homosexualidad y QUE PUTO ASCO, JOTOS, GUÁCALA, DEJEN MI ANO EN PAZ, pues no. ¿Cuántas personas con género/expresión de género no-normativo (personas que no distingues de inmediato si son hombres o mujeres, vaya) hay? ¿Cuántos videos incluyen un pre/faje/jugueteo que no va directamente al área genital? ¿Cuántos incluyen juguetes (y no me refiero a strap-ons en videos de lesbianas PORQUE QUIEN NO QUERRÍA UN PENE)? ¿En cuántos videos la ‘agresora’ es la mujer? ¿En cuántos videos hay penes que no sean ridículamente grandes? ¿En cuántos videos la mujer no está rasurada? ¿Cuántos videos tienen a gente transgénero? Todos números ni remotamente representativos de la población, si es que encuentran ejemplo de cada cosa que menciono.

Un asunto controversial del cual casi nunca hablo es del porno snuff, de fantasías de violación, etc. Es un área muy conflictiva para feministas, para mujeres en general, para parejas, para activistas. Claramente, es una fantasía que muchas mujeres tienen – muchas más de las que podemos justificar facilmente. Mientras, ciertamente, es en gran parte debido a que las mujeres son socializadas para ser pasivas, sumisas, para buscar hombres protectores, fuertes, agresivos, de poder. También es en parte porque la sexualidad y el placer de la mujer es aun tabú y es bastante limitado por la sociedad, y la fantasía de violación libera a la mujer de cualquier tipo de responsabilidad o culpa por un par de noches locas.

El asunto con estas fantasías es que lo que está en esta fantasía es con un hombre que la mujer ya desea desde antes. Un hombre con quien la mujer está haciéndose la difícil o no está segura o hay un elemento de culpa en la atracción, pero sus movimientos irresistibles la hacen cambiar de parecer. Y, hay que recordar, es una FANTASÍA, no necesariamente algo que la mujer quiera llevar a la realidad. Otras veces, fuera del porno y cuando esta fantasía es llevada a la acción con la pareja, es posible únicamente en un espacio y momento y manera previamente planeada y acordada, con una persona en quien la mujer confía y conoce y desea.

El problema no está en las mujeres y este tipo de fantasía, sino en los hombres. Los hombres son a los que la mayor parte del porno está dirigido, porque los hombres cometen el 95% de las violaciones reales, porque los hombres tienen también esta fantasía pero no se traduce de la misma manera. Porque los hombres reciben también otras ideas de la pornografía que, unidas con fantasías de violación, pueden ser extremadamente peligrosas y problemáticas. De casi todo el porno, como ya mencioné, aprenden que las myjeres somos receptoras pasivas, siempre listas para la acción con quien sea que quiera: el plomero, el maestro, el doctor, el vecino, el hermano, hasta el pinche abuelo. Ella siempre quiere contigo y si parece que no, solo necesita un poco de persuasión. Muchos hombres, entonces, internalizan que la mujer sólo se está haciendo la difícil, pero que tu siempre-lista ametralladora sexual que está dentro de ella de manera no consensuada la va a persuadir. Una fantasía sexual de violación llevada a la realidad sólo está bien con una conversación explícita, verbal, consensuada que la anteceda – y con ‘anteceder’ me refiero a un antes con la ropa puesta, sin presiones, sin coerción, con la mente abierta a que como puede haber un sí, puede haber un no que se tiene que respetar.

"EMPÚJAME CONTRA LA PARED Y HÁZME COSAS SUCIAS. pero sólo si te lo pido, sino es violación y no está chido, hermano"

“EMPÚJAME CONTRA LA PARED Y HÁZME COSAS SUCIAS. pero sólo si te lo pido, sino es violación y eso no está chido, bro”

Supongo que esto era lo que quería decir acerca del porno. Que el porno no es el problema en sí. Podría ser más inclusivo en personajes, experiencias, expresiones de sexualidad; podría aceptar la noción radical, impensable y sorprendente que las mujeres también queremos un orgasmo (¡ya sé! loquísimo); podría deshacerse de tanta violencia hacia la mujer, tanta fantasía de violación desde el punto de vista masculino, tanto “Eras sólo un plomero feo y ceboso pero ahora que estás desnudo eres mi semental ideal” (¿qué tal que el hombre sea el que primero no quiere y la mujer lo tiene que ir convenciendo? al menos invirtamos los papeles un rato, ¿no?). Pero el porno por el porno mismo no es el problema.

Quiero reiterar que la estigmatización de la industria pornográfica y sexual en general está mal. Están dando un servicio, una actuación, están ganándose la vida, están vendiendo un producto, COMO TODOS. Todo lo que se agregue a esta definición es tu propio juicio moral y falta de comprensión de las muchas dimensiones de la industria sexual – de las cuales hablaré otro día. Los trabajadores sexuales no son criminales ni son víctimas tampoco. Son gente que trabaja y resulta ser que trabajan en algo que en nuestro contexto histórico es considerado tabú. Pfff, en algún momento los doctores tenían que escabullirse para desenterrar cuerpos ilegalmente para hacer algo sucio y perverso llamado ciencia, así que paren de mamar.

[Igualmente, para aquellos que dicen que el porno está enviando información equivocada a nuestra juventud: deberían empezar dando educación sexual adecuada, exhaustiva, integral. Estos vatos que dicen que el porno es malo para sus hijos son los mismos que no pueden siquiera pronunciar la palabra “vagina” frente a ellos. El porno es la fuente principal de información de los jóvenes solamente porque no tienen otra tan al alcance – el porno estuvo ahí cuando los padres y las escuelas no estuvieron. Y no me malinterpreten, el porno te puede enseñar cosas, pero si no está acompañado de ciencia y datos y apoyo de una comunidad, limita enormemente la identidad y experiencias sexuales de los jóvenes.]

sex ed

“pongamos toda la energía desperdiciada en batallar contra la malévola industria del porno, y pongámosla en programas de educación sexual integral para todos”

¿Todo chido? Todo chido.

Para más sabrosura (nada de porno aquí, lo siento. para eso esta Google):

¿Qué decimos las feministas sobre la pornografía? Los orígenes de un debate (PDF)

Porno feminista Dirty Diaries

What makes feminist porn feminist

Una defensa feminista de la pornografía.- por Wendy McElroy

Revolución, sin manos…

La verdadera revolución está en todos y cada uno de nosotros. Si aprendemos a amar – y no se puede amar lo que no se comprende profundamente – nuestro cuerpo, ya habremos ganado la más grande de las batallas. Contra el patriarcado y el sexismo controlando nuestra sexualidad y decidiendo por nosotros lo que nuestros cuerpos deben significar y expresar, contra el capitalismo alimentando y alimentándose de nuestras inseguridades. Contra cada ‘ismo’, está el amor.

"Empieza una revolución: deja de odiar tu propio cuerpo."

“Empieza una revolución: deja de odiar tu propio cuerpo.”

Amor radical, ofensivo, seguro de sí, sabio, fuerte, hermoso, escandaloso.

Repitan conmigo: virg.. debut. D E B U T.

Todas las ideas erróneas o incompletas (en el mejor de los casos) que tenemos acerca del cuerpo, de las relaciones, de la sexualidad, me darían tema para una entrada por día, al menos. Pero hoy, hoy voy a hablar de esa palabrita tan entintada de religión, manchada de “pureza”, rodeada de advertencia y de dobles estándares: la “virginidad”.  Yo pienso – y no estoy ni remotamente sola en esto – que la “virginidad” también está letalmente sumergida en violencia, en (hetero)sexismo, en falocentrismo estúpido, en opresión, en control y en mucha ignorancia.

Primero, el sexista juego de Risk: la virginidad (o la pérdida de ésta) del hombre es desde una irrelevancia hasta un triunfo (noten el término “descorchar”), mientras que la de la mujer puede ser desde un regalo pasivo hasta un mal necesario, hasta una tragedia de proporciones bíblicas, pero JAMÁS un triunfo. Como en un juego de estrategia, “ocupar” un territorio es causa de celebración mientras un territorio “perdido” nunca lo será. Una vez cedemos ese territorio, una vez profanado el templo (háganme el chingado favor), ya no es nuestro ni lo será jamás. Y no sólo eso, sino, ¿quién va a querer un territorio ya ocupado, ensangrentado? Es lo que nos dicen, que es un espacio que ya regalaste – y más te vale haya sido al mejor postor. No es un espacio compartido, una unión de dos naciones independientes. NO. Alguien más ya puso ahí su bandera (pun intended) y ya. Colonizaron tu cuerpo. Forever. El bendito acabose.

Y tal como una ocupación, requiere de ilustraciones violentas que sirvan de advertencia. El hímen que se rompe, la sangre que se derrama, la virtud que se pierde. No hay vuelta atrás, pues ya estás marcada, ESTÁS ROTA. Cuando ahora está más que bien sabido  – por los que siempre sospechamos que la educación sexual formal es una burla – que el hímen no se rompe – tan sólo se estira, se abre un poco, a veces vuelve a su lugar, etc. Se abre – como puede hacerlo haciendo gimnasia, usando tampones, o puede nunca hacerlo. Cuando, contrario a lo que nos dicen y suponemos y esperamos (o más bien, no exigimos otra cosa) y por tanto promovemos, no tiene que doler. Si se hace bien, si se hace pacientemente, si se hace conociéndonos primero (¡¿pero qué estoy diciendo?! ¡¿Tocar y estar cómodos con nuestro propio cuerpo?! BLASFEMIA), y si se hace cuando nosotros queremos, no tiene que doler jamás. Pero imagine usted, si podría no doler, ¡podría hasta gustarnos! A papá Dios le va a dar un infarto si se entera.

Porque si nada se rompe, entonces no hay evidencia de nuestra puerquísima desobediencia, y no perdemos nada. Porque si nada duele, si se disfruta, entonces empezamos a buscar triunfos propios en vez de esperar pasivamente a una ocupación, y no estamos perdiendo nada.

Desde el término nos advierten la tragedia que se nos viene con la vida sexual. Hasta yo en mi discurso cotidiano he ido cambiando ese discurso. Los invito a hacer lo mismo. Llamémosle primera vez, debut sexual, etc. No es una pérdida, no es el final de una era bíblica, no es una tragedia. Y si lo es, es porque no lo están haciendo bien ;)

Igualmente, el ‘vírgen’ en ‘virginidad’ está basada en un cuento de cuna que dice que una mujer concibió a un hombre sin tener horrible y sucio sexo. Según este librito que encuentras en moteles, eso es algo maravilloso. Si me preguntan, tener un parásito seguido de un parto seguido de una vida que mantener, SABIENDO que ni siquiera hubo punchis-punchis no es negocio.

La primera, como todas, como todo lo COMPARTIDO, es para los dos. Si vamos cambiando nuestro lenguaje y nuestra forma de pensar, esa culpa, esa censura, ese no-disfrute acaba. Se va por más igualdad, más conciencia, más vida.

[En parte porque esto es lo que yo hubiera querido, y porque sé que una gran parte de quienes me leen tienen/tendrán hijos, POR FAVOR enséñenle a las chavas que el sexo no es un regalo para ellos, sino para ellas mismas, que no son menos por quererlo. Enséñenle a los chavos que el momento es de ambos, que no es un sello de propiedad, que ambos cuerpos importan igualmente. Que una mujer no vale más o menos por hacer o no hacer, sino por tomar decisiones basadas en lo que la gente dice y no en lo que ella quiere. Que se den chance y tiempo y que no es algo malo. ]

Olvidaba un par de cosas que he considerado al pensar acerca del debut sexual (repitan conmigo, chic@s). La homofobia que nos indica por default es una de ellas. Si la “virginidad” es la penetración – vaginal, que es la única que importa, DUH, ahora pónganse a hacer bebés – , ¿una lesbiana puede no perder la virginidad nunca o cómo? (OH NO, pero, ¿qué estoy diciendo? si todas necesitamos un algo en forma fálica para ser felices). Un hombre tampoco la pierde porque no tiene una vagina ni hímen, entonces, ¿un hombre gay tampoco la pierde? La clave sigue siendo el hímen, la ruptura, la dominación. [Estoy ignorando, por no hacer esto más largo, el discurso un tanto autoflagelante y homofóbica que se tiene a veces en las comunidades homosexuales acerca de quién penetra y quien no, qué es masculino y por lo tanto mejor, etc.]. El único sexo que vale, la única primera vez que importa, es entonces la que ocurre entre un hombre y una mujer, en la que se “rompe” un hímen y alguien es el que ‘chingó’ – por hablar de Octavio Paz y sentirme muy leída – y alguien es la ‘chingada’. También nos indica implícitamente que, al no tener marca alguna de su “pureza”, podemos asumir falta de ella en todas las personas homosexuales, ¿que no? Una incertidumbre ridícula como si fuera asunto de todos qué ha sucedido o no en los cuerpos de uno.

Había también olvidado hablar del impacto del tema de la ‘virginidad’ en los hombres. Heterosexuales. Dije al comienzo que ‘perder la virginidad’ para los hombres no es más que una irrelevancia, y creo que sobre-simplifiqué. La ‘virginidad’ es en muchos casos algo de lo que se debe deshacer el hombre, algo que a cierta edad indica ya sea falta de ‘pegue’, falta de potencia “adecuada”, falta de tamaño “adecuado”, o falta de la orientación sexual “adecuada”. Hablaré del tamaño en otra entrada, pero vamos, se socializa a los hombres a ser máquinas (si, me estoy refiriendo también a las alusiones mediáticas de pistolas/metralletas como penes) insaciables de sexo que mueren por ser soltadas en el mundo sexual adulto. Un mundo lleno de mujeres pasivas que mueren por brindar placer. Un par de problemillas con esto.

1. Deshacerse de? Si es algo tan preciado para las mujeres pero tan urgente de desechar para los hombres, es que acaso el debut sexual del hombre no importa? ¿Por qué debe de no importar? ¿Su cuerpo es menos templo que el de la mujer?

2. “Adecuado”. Los constructos sociales siempre intentan pasarse por el trasero lo que es natural, y es una idiotez. Si naturalmente es así, es adecuado para la naturaleza, y debe ser adecuado para nosotros. Fin.

3. Muchísimos chavos tienen sus debuts sexuales mucho antes de estar psicológicamente listos, mucho antes de tener ni remotamente suficiente información para tomar una decisión consciente y madura y para vivir al máximo su experiencia. Esto lastima a hombres y mujeres y los afecta entonces y por el resto de sus vidas sexuales. Quién sabe, tal vez si los chavos empezaran cuando se les viniera (realmente) en gana, no necesitarían un pinche mapa para darnos un orgasmo. Ups.

4. Esa idea de que las mujeres estarán listas cuando ellos lo estén lleva a decepciones en el mejor de los casos, a violación en el peor. NADA CHIDO ESO.

Igualmente, y vuelvo al tema del placer, esta idea bíblica de la virginidad, de la ruptura, de la sangre, es problemática y en ocasiones hasta letal. Millones de niñas se preguntan y nos preguntamos unas a las otras, como preocupadas, ¿qué es sexo? ¿masturbarse, sexo oral, sexo anal, sexo vaginal? Respuesta correcta: todas ellas, y cualquier otra cosa que pueda llevarte a un orgasmo, si me preguntan a mí. Pero lo que nos dicen que es lo válido – y lo que se prohíbe en religiones como la islámica – es el sexo vaginal. El sexo para hacer bebés – ¡porque seguimos en el siglo XV! – y nada más. Personas alrededor del mundo, basándose en esta definición, contraen enfermedades venéreas por no cuidar otros tipos de contacto, acceden a cosas que no quieren realmente porque al fin y al cabo “no cuenta”. De la misma manera, por la ignorancia absurdísima acerca de lo que realmente pasa en el cuerpo femenino – en vez de basarse en sus anacrónicos juegos de colonización – una chica saudí, o india, o jordana, pierde su honor  – y puede perder hasta su vida – frente a su esposo por no sangrar.

Por todo esto y todas las cosas que seguro no he tocado en esta entrada, eduquémonos. Hablemos las cosas, bien clarito. Por el amor de mmmmhh el orgasmo. Sí, por el amor del orgasmo ❤ ji ji

Fin.

Más información aquí:
Myths surrounding virginity

Trucos para la primera vez. El dolor NO es parte del debut sexual

Hymen Stretching