El caso Steubenville, y los culpables de siempre

Ultimamente ha habido más y más cobertura de casos de abuso sexual, en especial en India y en Estados Unidos. Encuentro bastantes problemas en cómo han sido manejados en muchos medios, pero supongo que es preferible a que nadie hable de ello como si no existiera, como ha sido por muchos años.

Este domingo fue el juicio de los dos chavos en la Steubenville High School en Ohio, y fueron declarados culpables. El caso circuló y resonó por redes sociales y periódicos locales e internacionales. Posiblemente la cobertura más criticada fue la de CNN.

 

Para una crítica buena y completa de la cobertura de CNN, clickea aquí.

 

Y claramente, a mi también me molestó mucho su cobertura, las palabras que eligieron usar, su enfoque en el sufrimiento de los violadores y no de la víctima, en cómo 3 años de cárcel (¡¡SÓLO 3 AÑOS!! pffft) van a arruinar su prometedora carrera. Como si una prometedora carrera te hiciera menos violador.

Pero vamos, dejemos de hacernos los tontos, el problema no es sólo esa reportera ignorante e insensible, ni CNN, ni siquiera – aunque sea tentador decirlo desde Latinoamérica – Estados Unidos.

Con una gigantesca advertencia personal del tipo “estuve cerca de llorar leyendo esto”, les paso algunas reacciones en Twitter al caso de Steubenville.

Pasan por mi cabeza mil conversaciones de mi adolescencia, unas que me incumbían, otras que simplemente escuché, maneras en que me enseñaron como evitar que me pasara lo que a la chica de 16 años de Ohio: no tomar mucho, no usar mini faldas, no salir muy tarde a la calle, no ir sola al baño, no quedarme sola en un cuarto con hombre(es). Tendré que preguntarle a mi hermano si a él le dieron lecciones de cómo evitar violar, pero puedo apostar a que conozco la respuesta.

Puedo apostar también que casi todo el/la que me lea puede encontrar en su propia memoria conversaciones similares, voces internas similares. Estas voces que nos controlaron y vigilaron sexualmente toda nuestra vida son las mismas que se perpetúan en la televisión, en el cine, en la pornografía. Son las mismas voces que nos hacen juzgar a la víctima y no a los victimarios, que nos hacen fijarnos en cómo un juicio afectará la vida de los violadores.

Como si por momentos olvidáramos la función del sistema de justicia. La primera y más importante vida arruinada por lo que ocurrió – desde la violación y sus efectos físicos y psicológicos, hasta el juicio y sus efectos emocionales, hasta la cobertura periodística y sus respectivos efectos – es la chica, la víctima. Otras víctimas importantes son los padres y cercanos de la víctima, y de los victimarios, en diferente grado y sentido. Mucho después, está la discusión de las vidas arruinadas de los violadores. Y no podemos olvidar, no es el mismo tipo de discusión: la víctima no hizo nada cuya consecuencia sea una vida arruinada, los violadores sí. Su vida arruinada es una consecuencia directa no del juicio (no solamente), sino de su decisión de violar a una chica. Igual que un asesino es culpable de las consecuencias sociales, legales y otras, no la víctima por haber muerto. Suena estúpido y obvio cuando lo traduces a otro crímen, ¿no? ¿Por qué insistimos en tratar diferente estos crímenes de género?

 

Y esto nace de lo mismo que he discutido ya en este y en mi otro blog, que es la vigilancia de la sexualidad femenina. Esta vigilancia viene desde siglos atrás: cuando Eva no pudo resistir morder la manzana y convenció a Adán de hacer lo mismo, condenando a ambos a salir del paraíso; la idea antiquísima de que la mujer usa su sexo para manipular al hombre a la irracionalidad; la ropa excesiva en casi cualquier religión para evitar la mirada masculina, etc. El hombre no tiene la culpa de sentirse irracional e incontrolablemente atraído a una mujer,  y es la responsabilidad de la mujer entonces ejercer controles sobre sí misma.

No es nuestra responsabilidad el que los hombres no nos violen. No sé cuantas veces tengamos que repetirlo, pero no lo es. Paso por paso:

1. No es nuestra responsabilidad usar ropa más holgada o faldas mas largas para ver si así no nos acosan sexualmente. Usar una falda larga no significa que somos unas frígidas o unas machorras, así como usar mini-faldas no significa que estamos abiertas a lo que el hombre quiera, o a su mirada grotesca e invasiva sobre nosotras.

2. No es nuestra responsabilidad beber menos para que así les quede más claro el NO. Tenemos tanto derecho como los hombres a cualquier actividad recreativa (legal o no, es igual de ilegal para ambos sexos, ¿que no?). La cosa es que alrededor de 70% de hombres en universidades gringas indica en encuestas que violarían si supieran que se saldrían con la suya. ¿Por qué no entonces decirle a los hombres que controlen su consumo porque pueden volverse violadores?

3. No es nuestra responsabilidad mandar señales más claras al coquetear, para que no vayan a interpretar un “me caes bien” con un “dame sexo ya”. Hay varias relaciones equívocas en el coqueteo, en las cuales no profundizaré hoy, pero aquí va mi resumen: a) ser amable no es coquetear, es como nos educan a las niñas a ser, así lo que queremos realmente es mandarte al demonio, b) ser amable puede también ser sincero en sentido meramente amistoso, no todo mundo va a bares y fiestas a conseguir pareja, c) así como muchos hombres coquetean por el puro juego, nosotras también podemos, d) coquetear puede querer decir “me gustas”, lo cual no equivale a “quiero acostarme contigo alguna vez”, ni a “quiero acostarme contigo hoy” ni a “quiero acostarme contigo ahora mismo”. “Me gustas” significa “me gustas”, punto. Y NADA – a excepción de una plática explícita y sobria en la que ambos acuerdan eso – equivale a “quiero acostarme contigo así esté yo ahogada en alcohol”.

Nuestra única responsabilidad es decir que sí cuando sí queremos, es responsabilidad del hombre respetar que si no decimos “sí”, o si no estamos en un estado de conciencia total, es un “no”. Y antes de que me digan que entonces elimino toda la responsabilidad de la mujer: no lo hago. He conocido chicas que quieren emborrachar al hombre para que él acceda a ciertas cosas: es lo mismo, es violación. Está mal. Cuando no es un sí sobrio, consciente, no coercitivo, es un NO. Y es responsabilidad del otro respetarlo. Es responsabilidad del otro las consecuencias legales y sociales que resulten de sus actos.

Una imagen que encontré y resonó bien feo en mis pensamientos.

Una imagen que encontré y resonó bien feo en mis pensamientos.

 

Aquí van unos tips útiles para evitar estas situaciones “incómodas” de juicios y coberturas en CNN y demás molestias comunes.

– Si estás tomado, asume que no eres candidato a la cama de nadie.

– Si la chava que te gusta está tomada, acepta que no va a pasar ese día. Mejor platica con ella, pásala agusto y talvez otro día puedan salir y hacer algo más.

– Si te gusta mucho una chica y está tomada y dispuesta, pídele su número o su nombre en redes sociales, y déjala en paz. Lo peor que puede pasar es que se arrepienta de habértelo dado o tú de habérselo pedido. Lo mejor es que otro día salgan y hagan o deshagan, ambos conscientes de ello.

– Si algún amigo tuyo está acosando a una chica porque trae mini-falda, recuerdale que la mini falda es una elección de ropa, no de actividad sexual ni de disponibilidad, así como su cuello de tortuga no es indicativo de virginidad 😉

– Si estás con tu pareja y están tomando, antes de empezar a tomar platiquen al respecto y acuerden si sí tendrán sexo y acuerden parar si alguno de los dos se siente incómodo.

– Si tienes una pareja y están tomando y no tuvieron esa plática, pospongan el sexo. Tienen muchas noches y días sobrios delante de ustedes.

– Si tu pareja no está de humor esa noche, es un NO. Recuerda que no es tu propiedad, y el estatus de la relación no indica consentimiento para cada vez que TÚ quieras. No hay mejor sexo que el que se quiere con todas las fuerzas.

– Si estás en una posición de poder (en la que la otra persona puede no sentirse en plena libertad de decir que no, como una empleada o una alumna), de preferencia es NO. Pero si insistes, ten una conversación explícita, calmada, abierta al respecto, asegurándole que su empleo/estatus no se va a ver afectado por su respuesta. ¿En verdad quieres tener sexo con alguien que no te diría que sí si no fueras su jefe?

– Antes de cualquier avance con alguien con quien coqueteas, pregunta si está bien lo que estas haciendo, si están de acuerdo. Es extremadamente sexy y hará de cualquier experiencia algo mucho mejor.

 

 

Nota: me enoja muchísimo que las dos primeras páginas de Google cuando buscas “evitar violación” sean consejos para mujeres. No me sorprende, pero si me enoja mucho. Por eso busqué luego “evitar violación feminismo”, y aquí les van unas cuantas cosas.

Consejos para evitar una violación.

Feministas Feas: Como evitar una violación

Protocolo para casos de violación

San Andrés, el que llega cada mes (¿a quién se le ocurrió este ridículo eufemismo?)

Últimamente he tenido toda clase de conversaciones curiosas acerca de la menstruación. Y para los manes que dicen “Mejor me salto esta entrada”, les digo: es para ustedes principalmente. Ya sabrán si rompen mi corazón bloguero.

Tenemos, hombres y mujeres, muchísimas ideas de lo más locas (o desinformadas, o francamente ridículas) acerca de la menstruación. Muchas nos son heredadas de nuestros padres, otras de sutilezas en libros de texto en la escuela, otras de nuestras experiencias o, pues, ‘de oídas’.

De mi hermosa y decentemente liberal madre aprendí que uno debe ocultar cualquier evidencia de que está uno ‘en sus días’ (¿qué clase de expresión es esta? ¿qué no todos los días del mes son míos, o es que esos días son días sucios en que dejo de ser para el mundo y mejor debería recluirme?), debe uno bañarse más porque está uno ‘sucia’, debe uno no moverse mucho porque si hay un accidente es el San Seacabó para nuestra feminidad. De mi padre aprendí que a los hombres no les gusta que les hablemos de eso – y me pregunto, ¿qué ellos dejan de hablar de algo si les decimos que no nos gusta? ¡JÁ! qué buenos chistes cuento yo -, aprendí que si acaso nos oyen van a fingir que no oyeron nada para ‘ayudarnos’ (chicas, ¿qué haríamos sin ellos?) a preservar nuestra dignidad, nuestra feminidad (ush, ush, ando leyendo mucho esta palabra con respecto al periodo..). Y pienso, ¿qué es más femenino que un ciclo que nos conecta con la luna, que como toda función lleva a la homeostásis, que renueva nuestro cuerpo para la posibilidad de dar vida a otro ser humano?

De mis libros de texto aprendí que la menstruación es un desecho, un desperdicio, el proceso de un cuerpo desanimado porque no lo fertilizaste – ¡por andar persiguiendo ridiculeces como una profesión, independencia económica, viajes, una vida social u otras cosas de hombres! Favor de notar como bajo el mismo lente, y en materia de números (un óvulo vs. millones de espermatozoides), la masturbación, sexo oral y sexo anal de parte de los hombres es EL DESPERDICIO MÁS CATASTRÓFICO. Pero pues no es lo mismo, niñas. ¿Por qué? Porque Papá Dios es macho, no hembra. Ahora a callar y hacer bebés.

De los medios aprendí que la sangre del periodo menstrual es algo sucio (¿por qué más usarían agüita azul en vez de roja en los comerciales de toallas femeninas?), que entre mejor lo ocultes mejor, que es algo que uno aprende a odiar desde pequeña, que es muestra biológica de nuestra debilidad. Que hay que estar al tanto de lo ‘último’ (sí, claro, cof cof copa menstrual cof cof) porque esos días son un infierno mejor pasado con miles de productos para mejorar la invisibilidad, el olor, las hormonas, y todo lo que nuestro cuerpo HACE NATURALMENTE Y SU BENDITA RAZÓN TIENE.

Además, me parece ridículo estarle aventando mi dinero a unos taradetes dueños de compañías transnacionales por productos que después tengo que esconder a toda costa de ellos porque no los quieren ver, porque ‘guácatelas’. Pam-pli-nas, les digo.

También me he preguntado en estas conversaciones recientes, en serio, ¿qué coños tiene de sucio?

¿Que es sangre? Ok, puede no agradarnos la sangre, pero cuando nos cortamos el brazo o la rodilla no corremos a taparnos para que nadie vea tal aberración.

¿Que es líquido? Se me ocurren fluídos igual de desagradables que ciertos seres humanos hasta pseudo-exigen que traguemos. ¿Muy directa? UPS.

¿Que huele ‘desagradable’? [Ver pregunta previa]. Y huele a hierro. Supérenlo.

¿Que sale de ‘allá abajo’? 1. Nosotros también salimos de ahí. 2. Si les dan miedo las vaginas, tienen problemas más grandes en la vida. 3. Al menos son diferentes ductos, ¿saben? [Ver preguntas previas]

También hablábamos de la menstruación como tema de conversación. No es que adore hablar de mi periodo, pero odio – y no soy la única – que no se ‘deba’ hablar de él. Sólo digo esto: es algo que le sucede a la mitad de la población, es MÁS QUE NORMAL que se hable de ello. Y aquí sí que hablo de cualquier cosa desde sexualidad, hasta menstruación, hasta cosas que le ocurren a los hombres que quizá yo no he oído mucho precisamente por los gigantes estigmas alrededor del cuerpo.

Estas ideas tontísimas de la menstruación son más justificaciones sexistas para controlar y administrar el cuerpo femenino, para estigmatizarlo, para dominarlo. Como todo proceso, función, parte, del cuerpo humano, no es algo inapropiado, ni sucio, ni horrible. No es un desastre natural: es un ciclo que necesitamos. Me he dado cuenta que cuando dejas de ir contra-corriente – pun intended – y aceptas tus cambios hormonales, tu ciclo, y tu cuerpo, deja de molestarte. Es desde un recordatorio de que estás sana, de que tienes el hermoso potencial de dar vida (y en ocasiones una pequeña celebración de que ese día no-deseado no ha llegado) y de que eres jóven, hasta un ritmo que si lo sigues en vez de resistirlo, puedes hasta aprender de él y de tí misma en el proceso.

 

Aquí les paso algunas cosas chéveres para dejar de tenerle miedito y empezar a conocernos – chavos y chavas – mejor.

Breve Historia del Activismo Menstrual

CirculoIniciativo: LaMujerqueSoy | Caminando el Misterio de la Conciencia en su manifestación Femenina

Conozca los beneficios de tener sexo durante el periodo menstrual | LaRepublica.pe

Oye ¡güerita! quién fuera tu ginecólogo…

A veces la gente no comprende porqué el acoso sexual en las calles es algo grave o preocupante. Porqué importa, porqué nosotras las feministas nos ponemos “de intensas” al respecto: “pero si sólo son manes divirtiéndose sin afectar a nadie”, “¡es una broma!”, “son sólo palabras, ¿sabes? no estamos haciendo nada”, o la absoluta peor de todas, “deberías sentirte halagada”.

Quiero hablar de cada una de estas justificaciones, y otras. El acoso en las calles es algo serio. Y me voy a referir a ustedes, hombres (hetero, supongo, aunque si eres un hombre acosando a otros manes también es para ti esta entrada) que nos gritan, manosean, fotografían de forma sexual, chiflan, tocan el cláxon, o cualquier otra señal grotesca dirigiéndose a una mujer desconocida (o que no te dio su consentimiento) en un espacio público. Me voy a referir a ustedes que creen que no es la gran cosa pues son chavos decentes que no harían nada malo.

1. Sí, son manes divirtiéndose. Y yo sé que la mayoría de hombres (hetero) encuentran diversión en el cuerpo femenino. Yo también encuentro diversión en el cuerpo de personas del sexo opuesto – o del mismo para tal caso. Pero, ¿podrían, como yo, divertirse solamente con el cuerpo de alguien que ha dado su consentimiento para ello? ¿Así porfis? Así pueden divertirse entre ustedes todo lo que quieran, y dejarme a mi en paz. No he dado ni daré mi consentimiento jamás a que un man grotesco (nada que ver con apariencia, chavos: si me acosan en la calle me parecerán grotescos) tenga “diversión de hombres” a costa de mis senos, mis piernas, mis nalgas/cola/pompas (el problema de saber que me leen de distintos países hispanohablantes). Yo decido quien se divierte conmigo, ¿estamos?

2. El acoso en las calles no debería ser divertido. ¿Les parece divertido cuando alguien que no conocen los hace sentir humillados, incómodos, cosificados, devaluados y les arruina su día entero? A nosotras tampoco.

Nadie debería encontrar divertido el violentar a otra persona, el dañarla. Lo que me lleva al siguiente punto.

3. No es sin afectar a nadie. Por supuesto que a ustedes no les afecta, ustedes son los que están acosando. Pero si nos daña a nosotras, nos afecta en varias maneras.

Primero, nos hace sentir incómodas. Y si estas haciendo algo que incomoda a la mitad de la población mundial colectivamente, y eres una persona decente, dejarías de hacerlo.

Nos hace sentir que no estamos a salvo, seguras. ¿Por qué? Porque no hay garantía (no tenemos manera de saber que eres un chavo decente y no-violador porque no estás haciendo lo decente que es no chiflarnos) de que nos atacarás sólo con palabras, primeramente. No hay garantía de que no nos vas a toquetear, seguir, asaltar, golpear, violar. Probablemente tienes la fuerza física para hacerlo. Tienes también la actitud desagradable hacia la mujer y el machismo que se requiere, claramente (¡nos estás chiflando! no somos perros, ¿sabes?)

Nos hace dudar de nuestra persona y nuestro valor como seres humanos completos, no sólamente, como dicen “senos con patas”. Nos hace internalizar tus claxonazos y empezar a cosificarnos a nosotras mismas. Nos hace pensar que nuestro valor como personas y nuestro acceso a tu atención está solamente en nuestro cuerpo y qué tan bien nos veamos nos veas.

Nos hace sentir como ciudadanos de segunda, pues claramente las calles y otros sitios públicos no son tan nuestros como tuyos.

4. Esas no son bromas. No encontrarías gracioso si una broma consistiera en tenerte cuidando tus alrededores a cada instante mientras caminas a tu casa, evaluar tu elección de ropa dependiendo de si tienes que pasar por el sitio de construcción o no, tener que asegurarte de estar con alguien cuando pasas por ciertas calles, manejar tu horario de manera que no estés fuera a ciertas horas. Te aseguro, no te gustaría el chiste. No se te haría tan divertido si dañara TU libertad, si tus papás te dijeran, “No, hoy no te puedes ir de farra con tus amigos porque hay unas personas allá afuera que sienten derecho de evaluar como te verías desnudo”.

5. Tú eres el único que sabe que son sólo palabras. Como dije, no tenemos forma de saber que eres un hombre decente pues no te estas comportando como tal. Tenemos miedo de responderte pues te puedes enojar, o violentar, o ser más grotesco en tus comentarios. Podrías tocarnos, o seguirnos, o quién sabe qué mas. La sociedad nos enseña que debemos temerle a los hombres, pues no sabemos qué puede pasar si cruzamos esa preciosa línea que los hombres cruzan todo el tiempo: con sus comentarios, su acoso, su mirada no bienvenida, sus chistes sexistas, sus amenazas de violencia, sus violencias socialmente-aceptables (porque, no es de damas levantar la voz, claro). Le tenemos miedo, más que nada, a la idea machista de que tienes derecho sobre nuestros cuerpos, a ser violento si no nos acomodamos a tus caprichos.

No queremos averiguar si eres un violador o si “solamente” hablas como uno.

6. El que me acosen en la calle me hace muchas cosas: me enoja, me decepciona, me atemoriza, me molesta, me incomoda. Pero no me halaga.

El que pienses que me halaga es en sí un insulto. No busco la aprobación masculina, lo creas o no. Y puede sonar a frase de feminista enojada y sola, pero creeme que no lo es. (Por mucho tiempo lo fue, claro. Tomó tiempo el valorarme – toda yo, incluyendo pero no sólamente mi cuerpo). Mucho menos busco la aprobación de hombres que ni siquiera conozco ni me importan. Sé cómo me veo, sé que tengo senos, muslos, brazos, nalgas. Estoy conciente de mi anatomía, y me siento sexy por lo que siento, por lo que veo en el espejo, por lo que soy. No porque hiciste alusión a lamer mis partes (quisiera estar inventando que alguien me ha dicho esto).

 

Un güey una vez me dijo que al menos me prestaban atención, que a muchas chavas ni les chiflaban. En ese momento yo no era tan respondona, ni tenía tanta confianza en mi misma, ni sabía qué tan sexista había sido su comentario, pero ahora que pienso en él me dan ganas casi de llorar. Me hace pensar que en materia de reclamar las calles, los salones de clase, los autobuses, el mundo, tenemos muy poco espacio siempre y cuando no reclamemos primero esa dicotomía estúpida y reduccionista de “hot or not”.

Si somos de las suertudas que somos consideradas bonitas en estándares de hoy en día, nos acosan diariamente, nos cosifican. La gente se sorprende de que seamos inteligentes, de que seamos feministas. Nos tienen con estándares muy bajos, y nos socializan así. Nos dicen que todo lo que tenemos es belleza, y que ésta será lo que nos de poder en la sociedad patriarcal en la que vivimos. Nos dicen que debemos también cuidar esa belleza, que no se vaya; que debemos odiar a otras mujeres pues son nuestra competencia por esa mirada masculina que debemos buscar siempre.

Si somos, por otro lado, de las suertudas que no son acosadas en las calles diariamente y cosificadas y no tomadas en serio, entonces somos ridiculizadas constantemente, botadas a un lado. Nos dicen que no tenemos ese valor femenino de la belleza, entonces no valemos nada. Nos hacen pensar que nunca nos vamos a casar (¡y eso es una catástrofe!), que nunca tendremos nada que valga la pena.

En resumidas cuentas, no podemos ganar. Nos hacen dudar de nosotras mismas constantemente. Nunca somos suficientemente bellas. Pero, si fuéramos más bellas, tendríamos más poder, más amigos, más dinero, más empleos, podríamos hasta escoger a nuestro esposo. Podríamos ser más bellas, pues las revistas y el acoso y la pornografía nos dicen que ni somos tan bellas. Así que devoramos cada producto que nos promete ser mejores como mujeres. Pero es que o somos demasiado bonitas para nuestra conveniencia o no somos suficientemente bonitas. No podemos ganar.

Además, hay muchas cosas que sí me halagan. Que me reduzcas a un cuerpo sin persona al cual tienes derecho y el cual tienes derecho a criticar a placer no me halaga. Si eres un man saliendo conmigo y me dices que me veo linda, sí me halaga – no es que estemos en contra o blindadas contra cumplidos o contra sentirnos y que nos hagas sentir bellas, obviamente. Pero ahí habría consentimiento en cuanto a cierta cercanía e intimidad, a un espacio personal reducido en comparación a una banqueta. Se entiende que la interacción es más profunda que partes del cuerpo a las cuales chiflar.

En la calle, quiero sentirme segura, respetada, y que me dejen en paz. Claramente no quiero que me hagan sentir como un hueso en un patio de juegos de machos en el que quien quiera puede y va a disparar groserías o chiflidos hacia mí. Claramente no quiero, después de ser acosada, que me digan que les “regale una sonrisita, mami” que porque “¿por qué tan seriecita?” si me están halagando. Tengo que sonreír para hacerles saber que estoy más que de acuerdo con sus avances, y es que, ¿quién no lo estaría?

 

Se me ha hecho temerle a mis calles, a mi ciudad, a mi propio cuerpo y feminidad toda mi vida. Mientras crecía ni siquiera cuestioné nunca que jamás debería caminar sola, o tarde en la noche, o portando cualquier prenda fuera de una sudadera con capucha. La sociedad me ha hecho sentir que debo vestirme como hombre para que así me traten como hombre, o séase con respeto. Mostrar que soy mujer sería mostrar que soy débil, que me pueden no respetar, que me pueden engañar, que me pueden tocar o atacar pues no hay nada que temer en mi cuerpo y mi persona. Que estoy “abierta” al acoso. Me enseñaron bastante claramente que caminar sola en mi ciudad, como mujer, es dejar que me hagan lo que quieran, pues me lo estoy buscando. Crecí con miedo de cruzármele a un man, de provocarlo, de causar que se bajara del coche del cual me esta gritando y que me hiciera algo. ESO ES EL ACOSO EN LAS CALLES.

El acoso en las calles, más que nada, es un modo de vigilar y supervisar nuestros cuerpos y nuestra sexualidad, las horas del día a las que salimos y bajo el cuidado de quién, vigilar que no estemos ‘rondando por ahí’, a dónde y cuándo salimos, qué hacemos. Es literalmente asegurarse de que no se nos deje solas ni un momento, “por nuestro propio bien”. Es asegurarse de que nos quedemos en casa. Y puede que no nos lo pongan así, con esas palabras, pero eso es lo que efectivamente hace con las mujeres. Si andamos caminando por ahí solas de noche, seguramente somos “chicas malas”. Así que obtenemos lo que merecemos: paranoia, acoso, y quién sabe qué más. Si no queremos ser víctimas de estas cosas, o de la vergüenza de ser llamada “promiscua” o “mala mujer”, más nos vale quedarnos en casa, más nos vale caminar con un hombre a lado nuestro. Más nos vale no ser vistas donde no debemos estar.

 

no piropo

Yo me rehúso a aceptar esto. Tenemos derecho a nuestras calles, tenemos derecho sobre nuestros cuerpos, nuestra auto-estima, sobre lo que vestimos, dónde estamos y cuándo. Tenemos derecho al mismo ambiente seguro que cualquier hombre. Tenemos derecho a dejar de contener o doblegar nuestra sexualidad porque un hombre no puede guardarse sus comentarios. Tenemos derecho a no ser juzgadas, avergonzadas. Tenemos derecho a decidir sobre lo que nuestros cuerpos, nuestra ropa, y nuestro horario dice de nosotras; a no dejar que un hombre decida esas definiciones por nosotras.

 

Únanse a estas campañas 😉 y chequen este reportaje y entrevista, súper interesante.

 

– Interviene cuando alguien está acosando a alguien más. Dile que está mal y porqué.

– Calmadamente acércate y diles porqué te lastima lo que acaban de gritarte. Esto toma mucha valentía, pero puedes intentarlo (cuando no estés en peligro tú, claro).

– Toma fotos de los agresores. Ponlas en la calle: “No respeta a mujeres”, “Cuidado con este auto, no te respeta”.

– Habla con la víctima del acoso en la calle. Hazla sentir segura y tranquilízala. Ayúdale a hacerle frente a los agresores.

– Cuenta tu historia en http://www.ihollaback.org/#

Yo seguiré en pie el 9 de marzo, ¿y tú?

He mencionado ya antes, en mi otro blog, y lo repito cada vez que alguien menciona el Mes de la Historia de la Mujer o el Día Internacional de la Mujer: no me gusta mucho. Diré por qué.

Veo varios problemas con estos Meses Internacionales de Minoría-Que-Ignoramos-el-Resto-del-Año. No sé exactamente cómo decirlo muy elocuentemente, así que aguántenme’ahi.

El problema, en mi opinión, no está dentro de la comunidad feminista, ni la comunidad feminista que no se dice feminista porque es una palabra “demasiado fuerte” en la cultura dominante, pero que son bajo toda definición feministas. Esta gente es la que celebra y considera profundamente el rol de la mujer todos los días, esta gente es la que no necesita realmente el Mes o el Día de la Mujer de cualquier manera. Y entiendo como reclamar y re-apropiar un mes por y para nosotr@s está chido, pero el activismo no es sólo acerca de ver a la misma gente en cada evento feminista, sino preferentemente ver más nuevas caras cada vez.

No digo que tenga yo la solución a esto. Es un gran problema para cualquier organización de cualquier tipo – como hacer creyentes a los que normalmente no lo son.

Y es que, por un mes, sí vemos una que otra nueva cara. Sin embargo, – y lo he visto una y otra vez y he hablado de esto con otras personas – como si fuera una tarea escolar el asistir durante ese mes, esas caras desaparecen por el resto del año, acaso para reaparecer al siguiente año. Por un mes, y para latinoamérica más probablemente por un día, varios toman ciertos minutos de su rutina para pensar qué tan chingonas son las mujeres y cómo sus derechos importan – y sí, a esa profundidad llega el análisis para la mayoría de la gente que conozco fuera del mundo activista – feminista – de ciencias sociales. Después de ese día o ese mes, siguen con su vida usual, con su privilegio usual intacto. [No olvidemos que parte de ese privilegio es que un hombre sale de un evento feminista y puede olvidar lo que aprendió, sin consecuencias. Una mujer no puede olvidar su historia y su lucha, jamás.] Siguen con su vida, y no es que sean malas personas, pero han sido socializados en roles sexistas, actitudes, sexistas, creencias y prácticas sexistas. Pareciera, entonces, que un día o un mes o no es suficiente, o no lo estamos haciendo suficientemente bien como para que importe y haga una diferencia.

Es como si la historia de la mujer, su lucha y sus derechos, fueran cosa de marzo solamente. Los derechos, necesidades, experiencias de la mujer son un asunto de todo el año, de toda la vida. [La historia de la gente negra sucedió y sigue sucediendo cada mes del año, no sólo febrero. Ellos llevan reclamando sus derechos y su igualdad cada día de cada año, no sólo el día de Martin Luther King.] Y nosotros – y por nosotros me refiero a todo aquel que lea este blog y encuentre algun tipo de significado en las palabras “Las mujeres, minorías raciales, gente discapacitada, no-heterosexuales, no-cisgender también son seres humanos” – necesitamos que eso quede claro. Nosotros debemos reclamar nuestro lugar en la educación formal, en las clases de historia, en museos de arte, en cada foro donde se comunica “conocimiento”. Debemos reclamar el mainstream cada día del año, no conformarnos con las caras familiares. Debemos admitir que aunque sea algo que una feminista no dice, necesitamos a los hombres si queremos verdadera igualdad. Necesitamos educarlos y necesitamos que entiendan que somos aliados, y que el sexismo los afecta muchísimo a ellos también. Necesitamos poner más atención a por qué muchas mujeres están en contra del feminismo (no solamente descartarlas como víctimas del patriarcado), cómo cambiar eso.

Yo, yo reclamo (aunque suene yo como una perra aguafiestas) cada que alguien me felicita por ser mujer el 8 de marzo.

Ser mujer (que, por cierto, ¿qué coño significa eso? ¿Tener cromosomas xx? ¿tener una vagina? ¿vestirme cómo chava? ¿tener senos? ¿identificarme cómo una “ella”? LA GENTE ASUME MUCHAS COSAS) en sí no es un logro. Nunca rendirnos en nuestra lucha por reclamar lo que es nuestro como seres humanos, tras siglos de opresión, después de tanto daño que se nos ha hecho y se nos sigue haciendo, ESO es un pinche logro.

No necesito que me felicites por no haber nacido con un pene (¿o sí? no asumas tonterías, chico cisgénero). Necesito, si realmente me quieres celebrar, que leas acerca de nuestro pasado y nuestro presente – te incluyo unos enlaces para que veas qué chida soy -, que grites “¡patrañas!” cada vez que la educación formal y los medios ignoren nuestra historia y experiencias, que evalúes tu propio privilegio masculino, que te unas a mi lucha. Necesito que estés a mi lado, en la línea de fuego, el primero de abril, y cada día que sigue.

Algunas aclaraciones y más información:

Cisgénero – Wikipedia, la enciclopedia libre

En México, el Día de la Mujer debería ser una fecha de luto: Norma Andrade

Estadísticas mundiales sobre la violencia de género

La mujer en Colombia en cifras

UNIFEM identifican retos en la igualdad de género del Cono Sur

te quiero libre

Yo también quiero jugar a ser mecánico, carambas.

Nunca me interesé mucho por los juguetes de niños, la socialización que se da mediante ellos, o por modos de crianza hasta un día en mayo de 2010. Mi primer sobrino nació, y al año y medio, el segundo. Ahora me sorprendo leyendo más y más artículos acerca de padres&feminismo. Quiero saber qué los afecta y cómo, así no esté yo ahí físicamente, así no sea yo su mamá.

Me intrigan y aterrorizan los roles de género, cómo funcionan y cómo son enseñados, lo loca que se pone la gente cuando alguien cruza las estrictas líneas de nuestros sistemas binarios de sexo/género. Me he interesado particularmente en juguetes de niñ@s, cómo son promocionados, por qué son importantes, y por lo chingonsísima que es la idea de juguetes neutros.

La cosa va así: desde cajas registradoras promocionadas para niñas (y ni me meto con que un juguete en el cual el dinero es la diversión hace que mi bendita alma llore), pistolas de agua con niños siendo rudos en la caja (caja azul, duh), juguetes científicos comunmente con hombres jugando con ellos (peligro, Will Robinson, peligro), bebés para cambiar pañales y alimentar que están claramente dirigidos a niñas (porque ser maternal es cosa de viejas locas nada más). La lista sigue y sigue. Chéquense esta paginita (en inglés, lo siento) en la que arrastras un comercial dirigido a niños al AUDIO y un comercial dirigido a niñas al VIDEO y te diviertes (y perturbas, si eres como yo) oyendo el mashup.

Y claro, parte de porque les compro juguetes musicales a mis sobrinos es por mi plan maquiavélico en el que terminan hablando de su tía feminista en una entrevista con Rolling Stone. Pero también lo hago porque creo que son de las cosas más cercanas a neutrales en cuanto a género – al menos en las edades de 1 a 3. Tocar música es súper rudo y chévere, pero también es estar en contacto con emociones, así que es un buen punto medio. No que vaya a hacer una diferencia si lo juntas con los muchos carros y juguetes de construcción y figuras de acción y pistolitas que están ya a la vuelta de la esquina – ¡¿qué mejor momento para empezar a aprender que la violencia y la masculinidad van de la mano que a los 4 años?!

Aún así, quiero pensar que haré aunque sea una mínima diferencia con éste y otros intentos feministas míos. En fin.

Veo muchísimos problemas con los juguetes de niños hoy en día, o más bien en cómo son vendidos. Enseñar a niñas cómo ser mamás (cambiar pañales, etc) no está mal, pero enseñarles a niños y niñas que ser maternal y cuidar la belleza y cocinar son cosas de niñas y naturales sólo en niñas si está mal. Y aunque las pistolas de juguete y esas cosas violentas no son lo mío, venderlas como cosa de niños, y por ende decir que es cosa de hombres pelear y ser violento pero que una niña no debe hacerlo (no es de señoritas bien portadas, obvio) es problemático. No que mejor las mujeres seamos violentas también sea ideal, pero al menos no dice que los hombres siendo violentos es cosa natural y debemos de estar bien con ello. Claro, hay un elemento de violencia en la naturaleza humana, pero también hay un elemento maternal, EN AMBOS SEXOS. ¿Por qué promovemos entonces una pero no la otra? ¿Preferimos tener hombres violentos – en control – que maternales? ¿Por qué enseñamos, aun hoy, que lo natural y normal es que las niñas quieran quedarse en casa a cocinar y que los hombres trabajen, sean activos, sean ‘rudos’?

Ni me estoy metiendo demasiado con la terrible realidad que la mayoría de los juguetes de niño enseña a los chavos cosas que pueden convertirse en un oficio o profesión – doctor, trabajador en construcción, científico – mientras que la mayoría de los juguetes de niña les enseña a peinarse, maquillarse, cuidar bebés y cocinar. Suena a patriarquía. Y a patrañas.

"Las niñas calladitas y los hombres con sus armas" - algún tarado en el siglo XV

“Las niñas calladitas y los hombres con sus armas.”    – algún tarado en el siglo XV

La última vez que fui a una tienda de juguetes, hace un mes, vi lo que había leído pero por no haberlo vivido no había notado lo cruel y lo definitivo de un momento como éste en la vida de un niño o una niña: una mamá diciéndole a su hijo que no le va a comprar una muñeca que el niño señalaba. El niño no tenía más de 5 años, y vio la muñeca y dijo que estaba bonita. Pues sí, las muñecas son bonitas – eso no significa que sea niña o que sea gay (no que ninguna de esas cosas sea mala), sino que tiene ojos y la inclinación humana natural hacia lo estético. Luego la mamá le sugirió mejor un juguete que no alcancé a ver bien pero tenía ruedas y se veía vagamente “masculino”. El niño seguía con que quería la muñeca, y su mamá le dijo que (parafraseo) él era un niño y que los carros eran más divertidos para los niños. Asimismo, ella se veía intranquila, como si a alguien en esa tienda le importara lo que su pobre niño quería. Aunque quien sabe, tal vez si les importaba. Porque la sociedad está siempre cuidando y controlando cualquier cruce de líneas de género, desde que te compran una carriola rosa antes siquiera de que nazcas, hasta la ropa que eligen para enterrarte.

Y, me toca preguntarme, ¿ por qué tanta alharaca acerca de juguetes de niña y niño? Sé que a mi hermano le daría un ataque si le diera yo a mis sobrinos un kit de belleza, pero no entiendo del todo porqué.

[Me enfoco sobretodo en juguetes de niños no sólo porque mis sobrinos son los dos hombres, sino porque el control social que se ejerce es mucho más estricto en niños que en niñas – el mensaje siendo siempre que aunque una chica actuando como chico es inaceptable, es comprensible (y es que, todas tenemos envidia de pene, obvio), pero un niño que quiere actuar como niña es simplemente una aberración y una cosa incomprensible: ¿porqué querría uno ser inferior cuando se es superior por nacimiento? Así que, pues si.]

Pero, ya en serio, ¿qué tiene de femenino un kit de belleza? En especial actualmente, con los chavos cuidando su imagen más y más. Y para más, ¿qué tiene de malo lo femenino? ¿Por qué les estamos enseñando a los chavos que querer jugar a ser un padre que cuida de un bebé es malo, pero chocar coches es bueno? Vaya, no digo que chocar coches sea MALVADO (ni que los vaya a convertir en asesinos seriales, ni nada), pero, vaya, entienden lo que digo…

O, poniéndolo en términos de orientación sexual: ¿Qué parte de jugar con un cepillo y tijeras de pelo va a hacer a un niño homosexual? ¿Somos tan científicamente iletrados que creemos que la clave del deseo sexual por un sexo u otro está en jugar a ser enfermera o ser doctor? ¿Jugar con muñecas hace que te atraigan los hombres? No. ¿Jugar con coches te hace querer con niñas? No.

Además, en cualquier caso, ¿qué tiene de malo si tu hijo es gay? Estamos enseñando a los niños que el que los llamen niñas o homosexuales es lo peor que les pueden decir, y algo terrible por lo que hacer pasar a tus padres – un incidente-en-la-juguetería a gran escala. Y yo me voy mil veces por que mi hij@ ame a alguien – quien quiera que sea – y no porque viva reprimid@ en una caja en la que no cabe, en una caja en la que la mitad de su potencial está escondida detrás de mis prejuicios arcaicos.

Lo peor es que los juguetes son sólo el comienzo, claro. Solo son una pequeña parte de nuestra socialización, de nuestro adiestramiento para caber en cajas diminutas comparadas con el total del potencial humano que cargamos desde que nacemos. Detesto que esta sociedad patriarcal nos dice desde pequeños que tan “masculino” es demasiado masculino para una niña, qué tan “femenino es demasiado femenino para un niño. Honestamente, yo quiero que mis sobrinos sean buenos seres humanos, y dudo que una muñeca o un juego de maquillaje o una cocineta fuera a cambiar eso.

La sociedad nos dice que supervisemos el cuerpo y comportamiento y decisiones de otros, que supervisemos a los padres que compran juguetes o ropa “neutros” o del sexo opuesto, que vigilemos a los maestros que no marcan diferencias claramente, que vigilemos nuestra propia sexualidad con el miedo e inseguridad constante de que no estemos jugando bien nuestro papel, vigilando que nuestros gustos definan suficientemente claro nuestro género. Y esa vigilancia no está sirviendo nuestros intereses ni a nuestra sexualidad ni a nuestro sentido de identidad en ningún sentido. Está sirviendo al sistema paranoico que depende demasiado en modelos binarios y en la obediencia, complacencia y eficiencia de todos. Y en esa paranoia, nos hace creer que si cruzamos ciertas líneas nuestra realidad va a colapsar. Pero no lo ha hecho, y no lo hará.

Sólo estamos cruzando líneas si creemos que esas líneas existen en primer lugar. Y cuando se es niño, hasta la idea de tener líneas es ridícula y cruel.

 

Necesitamos el feminismo porque no existen los "juguetes de niño" o "de niña" y los colores son para todos. =)

Necesitamos el feminismo porque no existen los “juguetes de niño” o “de niña” y los colores son para todos. =)

 

Más de roles de género, juguetes y socialización:
Teorías sobre adquisición de género

Radio-reportaje.- Juguetes Sexistas: Roles obsoletos en nuestra sociedad (YouTube)

La Barbie o el Action Man | Juguetes y roles de género | Gónadas, plumas y viceversa

 

¿A quién no le gusta una tarde de películas?

Tomemos unos minutos de nuestro día y hablemos del porno, ¿vale? Vale.

Algun@s feministas opinan que la industria del porno es tan sólo una manera más en que el mundo explota, cosifica, vende a la mujer y a su cuerpo. L@s mism@s feministas, probablemente, que dicen esas mismas cosas acerca de otras formas de trabajo sexual – otro tema para otro día. Dicen que es malo para el sexo (cierto..), que es malo para nuestra auto-estima respecto al cuerpo (cierto..), y malo para el feminismo (hmmm.. dos tres). Estoy sobresimplificando su argumento más o menos válido, pero pues no quiero pasar demasiado tiempo hablando de éste punto de vista.

Sí, es cierto que muchas mujeres sufren de explotación en la industria sexual (por industria sexual me refiero a pornografía, prostitución en las calles, servicios de acompañantes, hotlines, etc). Pero tal como sucede con otras formas de trabajo sexual, decir que toda la industria pornográfica explota a las mujeres ignora la mayoría de casos en los que, con más o menos libertad de elección, mujeres y hombres eligen entrar a la industria y permanecer en ella. Sus experiencias son igualmente válidas. Esta forma de pensar reduce a estatus de víctimas a las mujeres que son parte de la industria, las entiende como entes pasivos y no como actores de su propia vida; les quita cualquier tipo de agencia.

También supone que nadie QUERRÍA trabajar en tal industria, supone un juicio moral. Las condiciones desiguales de trabajo, la agencia y posibilidad de decisión dentro del trabajo y en cuanto a paga, son todas verdades de cualquier profesión y trabajo actualmente, no sólo de la industria pornográfica o de la industria sexual. O séase, se está marcando una diferencia entre esta industria y cualquier otra, suponiendo un juicio moral. No muy feminista, en mi opinión.

Sí, es cierto que como cualquier medio de comunicación masivo actual, el porno cosifica a la mujer. PERO también es cierto que cosifica al hombre, si bien de manera distinta, posiblemente menos denigrante. Casi cualquier  porno mainstream refleja una imagen pasiva, receptora, muere-por-sexo-con-cualquiera; un mueble que grita lo bien que el man lo está haciendo. Claro, esto es muy cierto. Pero convierte al hombre en un pene que camina, y solamente son tan hombres como el largo, ancho, ‘municiones’ que tenga su siempre-lista, siempre-gratificante ametralladora sexual.

Ahora bien, no estoy diciendo que el que cosifique a ambos sexos es mejor, al contrario. El reducirnos a ciertas partes del cuerpo es pésimo, y es en detrimento de nuestra experiencia sexual. Pero más de eso, más adelantito.

Uno podría decir – y muchos lo hacen – que cosifica más a la mujer, o de una manera más negativa. Tal vez, en realidad no estoy muy segura. Pero aun así, ¿no es eso cierto de cualquier otro medio? Entonces el problema no es la pornografía, sino el omnipresente sexismo y patriarquía que domina nuestros medios, nuestra cultura, nuestra política. Es un asunto mucho más grande que una batalla contra YouPorn. Lo que es decir, PAREN LA BATALLA CONTRA LA INDUSTRIA SEXUAL. El feminismo tiene cosas más grandes de qué preocuparse. Pfff y vaya que sí…

El porno nos dice a ambos, también, de expectativas irreales – y aceptémoslo, ni tan placenteras -, de cosas que esperar del sexo y de nuestra pareja. Nos dice a ambos que deberíamos querer, desear, esperar y obtener del sexo. Limita nuestra imaginación, lo que exigimos también. Y nos “permite” exigir cosas que no deberíamos dar por sentado.

Donde las similitudes paran de golpe, y mi principal cargo contra la pornografía, es donde el punto de vista concierne, y donde la diversidad es groseramente ignorada en todas las formas en que puede ser ignorada.

El punto de vista, la mirada, en el porno más popular es claramente de un hombre – heterosexual. El placer que busca es el del hombre. Las fantasías que son retratadas son de un hombre. Reitera una y otra vez que el sexo y el placer son cosas de hombres; que lo que las mujeres quieren en la cama es o secundario y opcional, o que lo que queremos es complacer al hombre, y nada más. Visiten cualquier página porno conocida – les dejo buenas tareas, ¿qué no? – y miren los videos de la página principal. ¿Cuántas mujeres llegan al orgasmo, cuántos hombres? ¿Cuántos muestran a un hombre más atractivo – en estándares culturales actuales – que la mujer? ¿Cuántas parejas homosexuales (sin contar esas que son claramente el fetiche lésbico para el hombre heterosexual)? ¿Cuántos terminan con el hombre (perdonarán lo gráfico) viniéndose en la cara de la mujer – lo más pinche grotesco para una chava, si me preguntan?

En el sexo como en la vida, la variedad y diversidad es lo que la hacen chingona. No hay esto en el porno mainstream. Échenle otro vistazo a la misma página principal. ¿Cuántas parejas homosexuales hay? ¿Cuántas posiciónes/dinámicas/experiencias radicalmente diferentes encuentran? ¿Cuántas incluyen estimulación de próstata? Uno pensaría que si se supone que es lo más placentero para el hombre, lo incluirían, pero como está relacionado (ridículamente) con la homosexualidad y QUE PUTO ASCO, JOTOS, GUÁCALA, DEJEN MI ANO EN PAZ, pues no. ¿Cuántas personas con género/expresión de género no-normativo (personas que no distingues de inmediato si son hombres o mujeres, vaya) hay? ¿Cuántos videos incluyen un pre/faje/jugueteo que no va directamente al área genital? ¿Cuántos incluyen juguetes (y no me refiero a strap-ons en videos de lesbianas PORQUE QUIEN NO QUERRÍA UN PENE)? ¿En cuántos videos la ‘agresora’ es la mujer? ¿En cuántos videos hay penes que no sean ridículamente grandes? ¿En cuántos videos la mujer no está rasurada? ¿Cuántos videos tienen a gente transgénero? Todos números ni remotamente representativos de la población, si es que encuentran ejemplo de cada cosa que menciono.

Un asunto controversial del cual casi nunca hablo es del porno snuff, de fantasías de violación, etc. Es un área muy conflictiva para feministas, para mujeres en general, para parejas, para activistas. Claramente, es una fantasía que muchas mujeres tienen – muchas más de las que podemos justificar facilmente. Mientras, ciertamente, es en gran parte debido a que las mujeres son socializadas para ser pasivas, sumisas, para buscar hombres protectores, fuertes, agresivos, de poder. También es en parte porque la sexualidad y el placer de la mujer es aun tabú y es bastante limitado por la sociedad, y la fantasía de violación libera a la mujer de cualquier tipo de responsabilidad o culpa por un par de noches locas.

El asunto con estas fantasías es que lo que está en esta fantasía es con un hombre que la mujer ya desea desde antes. Un hombre con quien la mujer está haciéndose la difícil o no está segura o hay un elemento de culpa en la atracción, pero sus movimientos irresistibles la hacen cambiar de parecer. Y, hay que recordar, es una FANTASÍA, no necesariamente algo que la mujer quiera llevar a la realidad. Otras veces, fuera del porno y cuando esta fantasía es llevada a la acción con la pareja, es posible únicamente en un espacio y momento y manera previamente planeada y acordada, con una persona en quien la mujer confía y conoce y desea.

El problema no está en las mujeres y este tipo de fantasía, sino en los hombres. Los hombres son a los que la mayor parte del porno está dirigido, porque los hombres cometen el 95% de las violaciones reales, porque los hombres tienen también esta fantasía pero no se traduce de la misma manera. Porque los hombres reciben también otras ideas de la pornografía que, unidas con fantasías de violación, pueden ser extremadamente peligrosas y problemáticas. De casi todo el porno, como ya mencioné, aprenden que las myjeres somos receptoras pasivas, siempre listas para la acción con quien sea que quiera: el plomero, el maestro, el doctor, el vecino, el hermano, hasta el pinche abuelo. Ella siempre quiere contigo y si parece que no, solo necesita un poco de persuasión. Muchos hombres, entonces, internalizan que la mujer sólo se está haciendo la difícil, pero que tu siempre-lista ametralladora sexual que está dentro de ella de manera no consensuada la va a persuadir. Una fantasía sexual de violación llevada a la realidad sólo está bien con una conversación explícita, verbal, consensuada que la anteceda – y con ‘anteceder’ me refiero a un antes con la ropa puesta, sin presiones, sin coerción, con la mente abierta a que como puede haber un sí, puede haber un no que se tiene que respetar.

"EMPÚJAME CONTRA LA PARED Y HÁZME COSAS SUCIAS. pero sólo si te lo pido, sino es violación y no está chido, hermano"

“EMPÚJAME CONTRA LA PARED Y HÁZME COSAS SUCIAS. pero sólo si te lo pido, sino es violación y eso no está chido, bro”

Supongo que esto era lo que quería decir acerca del porno. Que el porno no es el problema en sí. Podría ser más inclusivo en personajes, experiencias, expresiones de sexualidad; podría aceptar la noción radical, impensable y sorprendente que las mujeres también queremos un orgasmo (¡ya sé! loquísimo); podría deshacerse de tanta violencia hacia la mujer, tanta fantasía de violación desde el punto de vista masculino, tanto “Eras sólo un plomero feo y ceboso pero ahora que estás desnudo eres mi semental ideal” (¿qué tal que el hombre sea el que primero no quiere y la mujer lo tiene que ir convenciendo? al menos invirtamos los papeles un rato, ¿no?). Pero el porno por el porno mismo no es el problema.

Quiero reiterar que la estigmatización de la industria pornográfica y sexual en general está mal. Están dando un servicio, una actuación, están ganándose la vida, están vendiendo un producto, COMO TODOS. Todo lo que se agregue a esta definición es tu propio juicio moral y falta de comprensión de las muchas dimensiones de la industria sexual – de las cuales hablaré otro día. Los trabajadores sexuales no son criminales ni son víctimas tampoco. Son gente que trabaja y resulta ser que trabajan en algo que en nuestro contexto histórico es considerado tabú. Pfff, en algún momento los doctores tenían que escabullirse para desenterrar cuerpos ilegalmente para hacer algo sucio y perverso llamado ciencia, así que paren de mamar.

[Igualmente, para aquellos que dicen que el porno está enviando información equivocada a nuestra juventud: deberían empezar dando educación sexual adecuada, exhaustiva, integral. Estos vatos que dicen que el porno es malo para sus hijos son los mismos que no pueden siquiera pronunciar la palabra “vagina” frente a ellos. El porno es la fuente principal de información de los jóvenes solamente porque no tienen otra tan al alcance – el porno estuvo ahí cuando los padres y las escuelas no estuvieron. Y no me malinterpreten, el porno te puede enseñar cosas, pero si no está acompañado de ciencia y datos y apoyo de una comunidad, limita enormemente la identidad y experiencias sexuales de los jóvenes.]

sex ed

“pongamos toda la energía desperdiciada en batallar contra la malévola industria del porno, y pongámosla en programas de educación sexual integral para todos”

¿Todo chido? Todo chido.

Para más sabrosura (nada de porno aquí, lo siento. para eso esta Google):

¿Qué decimos las feministas sobre la pornografía? Los orígenes de un debate (PDF)

Porno feminista Dirty Diaries

What makes feminist porn feminist

Una defensa feminista de la pornografía.- por Wendy McElroy

Revolución, sin manos…

La verdadera revolución está en todos y cada uno de nosotros. Si aprendemos a amar – y no se puede amar lo que no se comprende profundamente – nuestro cuerpo, ya habremos ganado la más grande de las batallas. Contra el patriarcado y el sexismo controlando nuestra sexualidad y decidiendo por nosotros lo que nuestros cuerpos deben significar y expresar, contra el capitalismo alimentando y alimentándose de nuestras inseguridades. Contra cada ‘ismo’, está el amor.

"Empieza una revolución: deja de odiar tu propio cuerpo."

“Empieza una revolución: deja de odiar tu propio cuerpo.”

Amor radical, ofensivo, seguro de sí, sabio, fuerte, hermoso, escandaloso.