Es de viejas escribir chido.

Me encanta el lenguaje porque es moldeable, porque es poderoso. Pero como es esas dos cosas, puede moldearnos y ejercer poder sobre nosotros y otros. Es parte de nuestra identidad, de como nos ven otros. Es como vemos el mundo y cómo lo acomodamos y qué jerarquías permitimos o no. Puede ser súper íntimo – con códigos que sólo dos personas entienden, con palabras cariñosas que te dices frente al espejo cada mañana – o puede ser súper político. ES súper político, siempre, en a quien incluye y a quien excluye, a quien ofende y de quien es aliado. Aunque no estemos prestando atención, el lenguaje nos cae por detrás y nos apuñala en la espalda, evidenciando nuestros sentimientos, nuestros prejuicios más internalizados, nuestros privilegios, nuestra ignorancia. Creo que debemos prestar más atención, pues nuestra elección de palabras puede marcar la diferencia y dirigir qué conversaciones se tienen, a quiénes incluimos en vez de excluir, a quién dejamos de lastimar con lo que decimos.

El idioma como algo intrínsicamente sexista, racista y homofóbico es un tema demasiado amplio y complejo para abarcar ahora. Lo que quiero por ahora es compartir términos y frases que he estado adoptando o sacando de mi vocabulario, y porqué. Por supuesto, también los invito a explorar su propio uso del lenguaje y evaluarlo, investigarlo y cambiar hábitos a placer y necesidad. Son cosas pequeñitas que podemos hacer para mejorar nuestro entorno más inmediato, una interacción cotidiana a la vez.

Y pues algunos de estos términos y dicotomías que creo deberíamos de cambiar, son:

– Eso de “mi amigo gay” o “mi amiga lesbiana” cuando la orientación sexual no hace ni debería de hacer diferencia alguna en la conversación (o séase, la mayoría de los casos). A mi me parece como si el estándar es ser hetero y esa persona es la “rara” en tu círculo. También me hace pensar que tu juicio y el nuestro debería ser tomando en cuenta su orientación sexual, como si hiciera diferencia en el resto de su persona y experiencias automáticamente. Si estas usando eso como su identificador, estas poniendo esa parte de su persona por encima de otras características. Me hace pensar, de algunas personas, que lo están diciendo como si tener un amigo homosexual los hiciera más cool o mejores o más abiertos de mente o especiales, y todos debemos tomar nota de ello. Tener un amigo, gay o no, está chido, pero no te hace especial. Tener un amigo gay, igualmente, está chido, pero no te hace especial.

– Lo mismo va con “mi amigo negro”, “mi amigo transexual”, “mi amiga gorda”, “mi amigo sordo”. Son más que eso, en primera. Es como cuando dices “mi amigo guapo” (si te atraen los chicos, sobretodo), das a entender que eso es lo que más te importa o lo que primero pensaste para describirlos. Y no te oigo decir “mi amiga hetero”, “mi amigo cisgénero (volveré a este en un momento)”, “mi amigo sin problemas auditivos”. Usa otras cosas como referentes de preferencia, o no uses nada si lo que estas diciendo no tiene nada que ver con el adjetivo.

– Puedes intentar como yo usar ‘cisgénero’ para diferenciar de una persona ‘transgénero’. No digas ‘mujer de verdad’, o ‘mujer’ en oposición a ‘mujer transgénero’. Decir ‘mujer de verdad’ es más evidentemente ofensivo y transfóbico ya que estás quitándole validez al género e identidad de la persona transgénero, pero lo mismo pasa si dices solamente ‘mujer’. Estas marcando cual es el estándar y cual es la abnormalidad.

“Pero, yo digo normal como norma estadística”, ¿dices? Te tengo noticias, usamos esa excusa de normatividad estadística cuando queremos. Si decimos que es más normal que alguien hable inglés en Francia que Chino, estamos hablando de política, de visibilidad, de acceso, de recursos: eso es lo que nos hace pensar que es más normal. En una muestra aleatoria, considerando las probabilidades, sería más normal estadísticamente que hablaran chino, ¿que no? Mi analogía no es perfecta, pero creo que me hago entender.

“Pero, no conozco a nadie transgénero así que no estoy ofendiendo a nadie”, ¿figuras? Pues primero que nada, el león cree que todos son de su condición, a tí, ¿qué te hace pensar que sabes que hay bajo las pantaletas de todo mundo? Y aunque sea así, el lenguaje es como una bola de nieve. Tú usas el término cisgénero, dos personas de todas las que te escuchan se convencen y lo usan también, y ellos convencen a alguien más, y así se va. En algún punto del camino (o en todos), le diste voz a alguien que conoces y quieres, te separaste de la máquina que promueve la invisibilidad de la comunidad trans, detuviste a alguien que pudo haber lastimado, discriminado y ofendido a alguien más.

– Decir que algo es (y puede ser que esto sea más de la ciudad de la que vengo, pero existen términos así para toda latinoamérica, y casi podría decir que el mundo occidental) “súper marica” o “bien gay” en lugar de decir absurdo/estúpido/aburrido/cursi/molesto es 1) decir que esa actitud de la que se habla es de homosexuales lo cual es un estereotipo dañino, y 2) decir que esos adjetivos (aburrido, absurdo, etc) son equiparables con la gente que es homosexual. Es dar un juicio negativo a gente que es homosexual, tan simple como eso. No “te sientes super gay escribiendo esa canción”: te sientes ridícula, cursi, infantil, absurda. Que no son la misma cosa.

Asimismo, el que te digan “gay” como hombre o mujer hetero no debería ser un insulto, y no debería ser utilizado como insulto. Estamos diciendo que es malo ser gay, y no lo es.

Igualmente va para decir que “meter falta” (en fútbol) es “de putos”, ni hacer menos pesas es “de locas”. Meter falta es de gente cobarde, de gente abusiva, de gente grosera: adjetivos que no describen a gente homosexual (ni hablaré por ahora de esos insultos homofóbicos por sí solitos); hacer menos pesas es de personas con menos tono muscular, más delicadas, menos fuertes de brazos, menos experimentadas en el gimnasio, qué se yo.

– Lo mismo va para decir que algo es “de viejas” o que alguien está siendo “muy nena”, o portándose como “princesa” (dirigido a un hombre, usualmente). Estamos diciendo que algo (usualmente malo) es estereotípicamente de mujeres lo cual es en sí un prejuicio basado en roles de género arcáicos, y estamos diciendo que ser llamado mujer es algo malo y humillante para un hombre. Porque somos inferiores.

Mejor di “esto es de gente superficial” (que es en sí un juicio bien arrogante, pero ya mejor ni hablo), “estás siendo muy dramático” o “estás portándote demasiado demandante y quejumbroso”. Tan lindo que es el lenguaje y tan feo que es el sexismo.

– Relevante a recientes debates en Estados Unidos, y es algo que de ahora en adelante haré más esfuerzos por hacer: podríamos dejar de usar “matrimonio gay” en comparación con “matrimonio”. Voy a empezar a decir “matrimonio hetero”, pues ninguno debe ser más importante que otro, ni visto como más normal que otro. Son diferentes, como todos somos diferentes, pero no por jerarquía de normal vs anormal.

– A esta le voy a dedicar una entrada completa, pero déjense de decir zorras o putas o perras. ENTRE USTEDES. 1) Hacen que parezca bien que los hombres se refieran a nosotras así también, 2) ese insulto viene de un lugar sexista que pretende controlar nuestra sexualidad, y hacer de toda mujer que no cumpla con ciertos requisitos de “pureza” una “mala mujer”, la misma que obtiene lo que se merece si la violan o abusan de ella de alguna forma. 3) “Puta” se refiere a trabajadora sexual, y no debería ser ofensivo porque ser trabajadora sexual debería de ser tratado con dignidad. No son “menos” o “malas mujeres”. Pfft. y 4) si además del maltrato físico, económico, sexual, político de parte de hombres y el sistema misógino que los crió, nos vamos a estar tirando pedradas entre nosotras, estamos más de su lado que nunca.

Pues sí. Son unas cuantas maneritas en que podemos hacer del mundo un lugar más sano y más seguro para todos. Reconociendo prejuicios que tenemos bien por debajo de la piel hacemos que el ser racista, homofóbico, sexista sea menos aceptable para otros también.

"No es por ser racista, pero.." no es excusa para ser racista en el resto de la oración.

“No es por ser racista, pero..”, ESTAS SIENDO RACISTA.

En fin, los invito a cambiar hábitos de lenguaje, en serio. Es muy fácil y es un primer paso para quitarnos de muchas cosas que – créanme, no lo digo desde un pedestal, sé que es bien complicado – nos han enseñado muy probablemente desde peques.

Pues así es. Para otras cosillas chéveres acerca de prejuicios, lenguaje y otros:

Una propuesta para evitar el sexismo en el lenguaje

Nuestros prejuicios y la asociación implícita (o “controle a sus monstruos”)

Mulher Alternativa: 30+ exemplos de privilégio cisgênero

Cuando “zorra” no sea un insulto

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Yo seguiré en pie el 9 de marzo, ¿y tú?

He mencionado ya antes, en mi otro blog, y lo repito cada vez que alguien menciona el Mes de la Historia de la Mujer o el Día Internacional de la Mujer: no me gusta mucho. Diré por qué.

Veo varios problemas con estos Meses Internacionales de Minoría-Que-Ignoramos-el-Resto-del-Año. No sé exactamente cómo decirlo muy elocuentemente, así que aguántenme’ahi.

El problema, en mi opinión, no está dentro de la comunidad feminista, ni la comunidad feminista que no se dice feminista porque es una palabra “demasiado fuerte” en la cultura dominante, pero que son bajo toda definición feministas. Esta gente es la que celebra y considera profundamente el rol de la mujer todos los días, esta gente es la que no necesita realmente el Mes o el Día de la Mujer de cualquier manera. Y entiendo como reclamar y re-apropiar un mes por y para nosotr@s está chido, pero el activismo no es sólo acerca de ver a la misma gente en cada evento feminista, sino preferentemente ver más nuevas caras cada vez.

No digo que tenga yo la solución a esto. Es un gran problema para cualquier organización de cualquier tipo – como hacer creyentes a los que normalmente no lo son.

Y es que, por un mes, sí vemos una que otra nueva cara. Sin embargo, – y lo he visto una y otra vez y he hablado de esto con otras personas – como si fuera una tarea escolar el asistir durante ese mes, esas caras desaparecen por el resto del año, acaso para reaparecer al siguiente año. Por un mes, y para latinoamérica más probablemente por un día, varios toman ciertos minutos de su rutina para pensar qué tan chingonas son las mujeres y cómo sus derechos importan – y sí, a esa profundidad llega el análisis para la mayoría de la gente que conozco fuera del mundo activista – feminista – de ciencias sociales. Después de ese día o ese mes, siguen con su vida usual, con su privilegio usual intacto. [No olvidemos que parte de ese privilegio es que un hombre sale de un evento feminista y puede olvidar lo que aprendió, sin consecuencias. Una mujer no puede olvidar su historia y su lucha, jamás.] Siguen con su vida, y no es que sean malas personas, pero han sido socializados en roles sexistas, actitudes, sexistas, creencias y prácticas sexistas. Pareciera, entonces, que un día o un mes o no es suficiente, o no lo estamos haciendo suficientemente bien como para que importe y haga una diferencia.

Es como si la historia de la mujer, su lucha y sus derechos, fueran cosa de marzo solamente. Los derechos, necesidades, experiencias de la mujer son un asunto de todo el año, de toda la vida. [La historia de la gente negra sucedió y sigue sucediendo cada mes del año, no sólo febrero. Ellos llevan reclamando sus derechos y su igualdad cada día de cada año, no sólo el día de Martin Luther King.] Y nosotros – y por nosotros me refiero a todo aquel que lea este blog y encuentre algun tipo de significado en las palabras “Las mujeres, minorías raciales, gente discapacitada, no-heterosexuales, no-cisgender también son seres humanos” – necesitamos que eso quede claro. Nosotros debemos reclamar nuestro lugar en la educación formal, en las clases de historia, en museos de arte, en cada foro donde se comunica “conocimiento”. Debemos reclamar el mainstream cada día del año, no conformarnos con las caras familiares. Debemos admitir que aunque sea algo que una feminista no dice, necesitamos a los hombres si queremos verdadera igualdad. Necesitamos educarlos y necesitamos que entiendan que somos aliados, y que el sexismo los afecta muchísimo a ellos también. Necesitamos poner más atención a por qué muchas mujeres están en contra del feminismo (no solamente descartarlas como víctimas del patriarcado), cómo cambiar eso.

Yo, yo reclamo (aunque suene yo como una perra aguafiestas) cada que alguien me felicita por ser mujer el 8 de marzo.

Ser mujer (que, por cierto, ¿qué coño significa eso? ¿Tener cromosomas xx? ¿tener una vagina? ¿vestirme cómo chava? ¿tener senos? ¿identificarme cómo una “ella”? LA GENTE ASUME MUCHAS COSAS) en sí no es un logro. Nunca rendirnos en nuestra lucha por reclamar lo que es nuestro como seres humanos, tras siglos de opresión, después de tanto daño que se nos ha hecho y se nos sigue haciendo, ESO es un pinche logro.

No necesito que me felicites por no haber nacido con un pene (¿o sí? no asumas tonterías, chico cisgénero). Necesito, si realmente me quieres celebrar, que leas acerca de nuestro pasado y nuestro presente – te incluyo unos enlaces para que veas qué chida soy -, que grites “¡patrañas!” cada vez que la educación formal y los medios ignoren nuestra historia y experiencias, que evalúes tu propio privilegio masculino, que te unas a mi lucha. Necesito que estés a mi lado, en la línea de fuego, el primero de abril, y cada día que sigue.

Algunas aclaraciones y más información:

Cisgénero – Wikipedia, la enciclopedia libre

En México, el Día de la Mujer debería ser una fecha de luto: Norma Andrade

Estadísticas mundiales sobre la violencia de género

La mujer en Colombia en cifras

UNIFEM identifican retos en la igualdad de género del Cono Sur

te quiero libre